jueves, 12 de mayo de 2005

Nota diario Página 12: Homenaje a C. Gandolfo y M. R. Gallo: «La mejor celebración de la vida, arriba del escenario»

Por Hilda Cabrera, diario Página 12, sección Espectáculos, Buenos Aires, Argentina,  jueves 12 de mayo de 2005

ESPECTACULOS › HOMENAJE A MARIA ROSA GALLO Y CARLOS GANDOLFO

La mejor celebración de la vida, arriba del escenario

En la Sala Casacuberta del Teatro San Martín se recordó a la actriz y al actor y director. Estuvieron, entre otros, Alfredo Alcón, Osvaldo Bonet y Lito Cruz. Se proyectaron escenas de obras, que volvieron a ser aplaudidas.

Osvaldo Bonet, Hugo Urquijo, María Socas, Alfredo Alcón, Lito Cruz
Foto Daniel Jayo

Por Hilda Cabrera

De ceremonia privada calificó el director Hugo Urquijo al homenaje que se le tributó el martes a dos artistas recientemente fallecidos, la actriz María Rosa Gallo y el actor y director Carlos Gandolfo, en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín. Público y artistas conformaron un encuentro real y mágico, sensibilizados todos por el talento de los que ya no están físicamente y por el apasionamiento de los que hicieron posible percibir a la platea sus experiencias con los homenajeados desde la alegría que genera compartir la vida en profundidad. Se proyectaron fotos personales y escenas de obras que tuvieron el efecto de tornar porosa la realidad y abrir espacios a la fantasía. Las imágenes proyectadas fueron cedidas, en el caso del director de Copenhague y En casa/En Kabul, por la actriz Dora Baret y Emanuel y Matías Gandolfo.

Los convocados para dar testimonio de su amistad y tarea conjunta se presentaron en escena (ubicada al mismo nivel de la primera fila de butacas), coordinados por Urquijo. Fue así que, tras las presentaciones, la actriz Elena Tasisto leyó un texto que recordó a Gandolfo y luego, en la segunda parte del programa, otro dedicado a Gallo, los dos escritos por Alejandra Boero, ausente por razones de salud. Sus textos la mostraron memoriosa y lúcida. Boero propició además este encuentro, tal como lo destacó en el programa de mano Kive Staiff, director del CTBA. En ese primer tramo, la joven María Socas recordó con gracia y mesurada introspección su aprendizaje con el maestro, cuya voz incluso parodió al transcribir algunos diálogos, sin duda imborrables para ella. El actor Lito Cruz dedicó también su participación a Gandolfo, en tanto los recuerdos de Osvaldo Bonet y Alfredo Alcón se circunscribieron a Gallo. El cierre fue para esta intérprete excepcional a la que se vio, proyección mediante, en un pasaje de Las troyanas, de Eurípides, obra que protagonizó en esa misma sala, en 1973, dirigida por Bonet. De esta actriz se escucharon en otros pasajes fragmentos de los poemas Ginebra y Buenos Aires, de Jorge Luis Borges.

Tanto Gandolfo como Gallo fueron considerados maestros en su oficio, capacitados para dejar un legado que sigue vivo y se renueva: artistas dispuestos al asombro y a la apertura de ideas, seres brillantes –como escribió Boero– que inspiran a otros “el festejo de sus vidas”. La actriz, directora y fundadora de teatros (el último, Andamio 90) recordó, en el texto leído por Tasisto, al joven de 18 años que en Nuevo Teatro alternaba su Jasón, en Medea, con Héctor Alterio, porque “estaba haciendo la conscripción” y no lograba tantos permisos. Fue unánime el reconocimiento a la creatividad de Gandolfo, sobre todo en un teatro independiente donde la imaginación debía ser “más rica que nuestro bolsillo”. Su etapa de maestro fue ilustrada en parte por Socas, quien contó que le aconsejaba entrar en acción acompañada sensorialmente de personas que la hicieran sentir protegida y amada. También que “no había diferencias entre estar arriba y abajo del escenario: todo era vida, acá y ahora”, subrayó la actriz, que puso en práctica –ante el público y una platea de personalidades compuesta por Onofre Lovero, Oscar Barney Finn, Graciela Dufau, Alicia Berdaxagar, China Zorrilla y muchas más– “un ejercicio de credibilidad”, mostrando un libro que –sostuvo– le regaló Gandolfo de manera imprevista y sin dedicatoria.

“Cada uno se va armando una idea de Gandolfo”, resumió a su turno el actor Lito Cruz, quien recordó los trabajos y afectos que los unieron y la experiencia con Hughie, obra que continúa en cartel. “Le llamó la atención una palabra con la que empieza la obra: llave. Y me dijo: Lito, esto puede ser una llave.” Esto era el regreso a la escena después de uno de esos períodos en los que su enfermedad (padecía un cáncer de garganta) le impedía trabajar a pleno. Cruz destacó su curiosidad por lo que encerraban las palabras y ese humor capaz de descolocar: “Lito querés que te cante algo, me dijo una vez, y yo pensé, este muchacho tiene lo suyo, porque de alguna manera me cantaba”. Tras ese recuerdo, el público reunido en la sala tuvo oportunidad de oír y ver a Gandolfo gracias a la proyección de una entrevista realizada por Cruz, cuando éste se hallaba al frente del Instituto Nacional del Teatro.

En la segunda parte del homenaje, tan intensa como la primera, Tasisto leyó el texto de Boero que recordaba a Gallo en 1945, en La Máscara, donde fueron compañeras en una versión de Antígona, de Sófocles. Aquélla no fue la única pieza ni la única aventura: “Nos divertimos muchísimo. María Rosa toleró mis locuras y mi fe libertaria cada vez que yo construía un teatro”, apunta en su escrito una Boero confiada en que “la creatividad genera alegría y la alegría le pone alas a los corazones”. También a Gallo se la mostró en imágenes: en un montaje de fotos enlazadas a la voz de la actriz. En su participación, el actor y director Osvaldo Bonet se remontó a los tiempos del Conservatorio Nacional de Arte Dramático, Música y Declamación. El relato sobre los escollos que debieron sortear él y Da Passano para ver a Gallo en su debut de El carnaval del diablo, tuvieron impacto cómico en el público. Bonet sintetizó con travieso humor la velada a la que acudió el presidente Ramón Castillo (depuesto poco después, el 4 de junio de 1943) y en la que Gallo fue ovacionada: “Ese presidente era absolutamente catamarqueño, como Ponferrada, y prometió su asistencia. El teatro se llenó”. Memoró situaciones cómicas que involucraban a empresarios y otras nada felices como la partida a Italia de la actriz durante la primera presidencia de Perón. Rescató sus estudios en aquel país con Silvio D’Amico y Orazio Costa y el cariño que se le tributó también en los últimos años. El trabajo más cercano con Gallo (y Boero) fue El cerco de Leningrado, obra del valenciano José Sanchís Sinisterra, que dirigió Bonet. Por su lado, Alfredo Alcón decidió homenajearla con el recitado de un poema de Federico García Lorca, que –según apuntó– Gallo admiraba especialmente: Llanto por la sangre derramada (uno de los cantos sobre el torero Ignacio Sánchez Mejías). Antes de esto, cometió una infidencia al contar una broma hecha a la actriz a propósito de una grabación de la artista catalana Margarita Xirgu realizada en Montevideo: “Grabé un cassette imitando a Xirgu y la invité a María Rosa para que lo escucháramos juntos en casa”. La travesura consistió en hacerle oír primero la imitación. Pero sucedió que Gallo creyó que era Xirgu y se conmocionó tanto que Alcón no se atrevió a decirle la verdad. La ocurrencia, muy festejada por el público, provocó risas y desató lágrimas, no solamente por el recitado de Llanto... sino por la impactante escena que se proyectó al final del encuentro: un pasaje de Las troyanas, donde la actriz hace suyo el desgarro por la ciudad incendiada y los hijos muertos en una patria que tras la destrucción y la masacre es apenas “ese humo que se eleva al cielo y desaparece”.

viernes, 5 de marzo de 2004

Nota diario Infobae: Personaje: María Socas

La actriz vive en un colorido piso de Barrio Norte donde despliega todas sus pasiones: la pintura, el tai chi chuan, la adoración por sus hijos Sasha y Wanda y la música galesa. Ecléctico, con trazos de la dueña de casa, el lugar revela la personalidad inquieta de la Socas.

Desde el momento en que la puerta de la casa de la actriz María Socas se abre, se percibe una atmósfera peculiar. En pleno Barrio Norte, con vista a la avenida Santa Fe, se trata de un departamento como cualquier otro, pero hay algo apenas perceptible que lo hace diferente. Una biblioteca colmada de libros, un sofa de dos cuerpos y dos sillones de uno, todos tapizados con telas floridas, cuadros... Y un círculo para hacer tai chi chuan, que ella escogió como su rincón preferido.

María Socas
Círculo del tai chi

Elegí este lugar porque en realidad es el opuesto a un rincón. Es el espacio más abierto que puedo tener en pleno centro de la ciudad, asegura la actriz de El regreso estrenada el pasado 10 de abril- y de los unitarios Tiempo Final y Nueve Lunas, entre otros trabajos. Se trata de un gran círculo en colores rojo, crudo, azul y negro, pintado por ella. Lo original es el centro, que es para hacer pakua (caminata oriental). Pero me resultó muy solo y se me ocurrió agregarle alrededor otros símbolos que siempre estoy estudiando. Cuando no tengo ganas de abrir un libro, los tengo acá, los miro y pienso sobre eso, explica la actriz. Entusiasmada y en cuclillas, agrega: El primero es el wu-chi, que es el vacío, el caos; luego, la primera manifestación, y más tarde el ying-yang, que son las dos fuerzas que, complementándose, crean el mundo.

María cuenta que hace ya ocho años que pintó el círculo, poco antes de tener a Sasha, su hijo mayor de ocho años. Estaba hecha una bola, estaba trastornada. Lo único que hacía era pintar y pintar. Es más hice el trabajo de parto pintando y pinté hasta que me fui al sanatorio, recuerda. Tan es así que decoró con un estilo muy colorido buena parte de los muebles del living y el comedor, entre los que se destaca una pequeña cajonera en la que María reprodujo, en colores vivos, distintos mosaicos de la iglesia de San Marcos, de Venecia.

Cuando se le pregunta cuánto tiempo pasa en este espacio, la actriz -galardonada con el premio ACE y con el Martín Fierro, entre otros- explica que su trabajo no le deja mucho margen, pero que también depende del momento de su vida. Si estoy muy obsesiva puedo venir a las 6 de la mañana, señala, mientras de fondo suenan gaitas. Aunque no tiene mucho que ver con todo esto, amo la música escocesa porque me centra y me pone contenta. Ya hace un tiempo que estoy pensando en combinarla con el tai chi, explica.

El círculo oriental se revela también como un imán para la compañía. Los dos hijos de María y hasta su renegrida gata Kafka suelen compartirlo con ella. A pesar de que los chicos tienen sus escritorios, a veces hacen la tarea acá o aprovechamos para leer porque tengo un estante de la biblioteca lleno de libros para chicos. Tengo el hobbie de meterme en las librerías y buscar libros de niños, cuenta.

La nutrida biblioteca exhibe, además, material de teatro, pintura, mitología y religiones. Entre los libros sobresale un medallón de bronce con la Vírgen María y el niño Jesús en relieve, que María supo tener, cuando era chica, en la pared de su cuarto. La actriz se ha corrido hasta el pasillo, cuya pared está tapizada de cuadros. El principal es un afiche de la película inglesa The Warrior and the Sorceress (El guerrero y la hechicera). Lo tengo porque fue mi primer trabajo como actriz y me gusta por lo bizarro, explica.

Ahora María se acerca hasta en un extremo de la biblioteca en el que se amontonan los trofeos de su adolescente carrera de atleta federada, que inevitablemente disparan una vieja historia. Cuando tenía 19 años me agarró un ataque y tiré todas mis cosas a la basura. Mi mamá, a escondidas, rescató algo y las guardó en el sótano de la casa de mi tía durante diez años, hasta que consideró que me había hecho adulta y me las devolvió. La verdad, es que para mí estaba bien haberlas tirado pero como volvieron a mí las enmarqué y las puse en un lugar especial, rememora.

domingo, 25 de enero de 2004

Nota diario La Nación: Cuando un sueño levanta vuelo

La Nacion
Turismo
El mundo en primera persona
Cuando un sueño levanta vuelo
La actriz viaja a su niñez en busca de recuerdos entrañables

Socas, en un descanso fuera de escena, recuerda la odisea de un objeto anhelado.

Diario La Nación
Foto: Miguel Acevedo Riú
¿Qué es viajar? Un tiempo en el que uno se traslada en el espacio, fuera de los lugares habituales, cosa que a mí no me gusta demasiado hacer. Pero... ¿qué pasa si hablamos sobre los viajes que hacen los objetos, o los viajes de la mente que se trasladan a los objetos?

La primera vez que supe que esto existía fue cuando tenía 5 años, una época en la que la luna de miel era un rito casi obligatorio y en algunos grupos sociales era muy larga --a veces de tres meses, otras de seis--, incluidos viajes exóticos y vueltas al mundo.

Por entonces yo tenía un tío, Fernando, hermano de mi papá, que se había casado con Rita. Y si bien no recuerdo exactamente qué países recorrieron, en su luna de miel visitaron el norte de Africa, navegaron por el Mediterráneo, fueron a Europa y viajaron a Estados Unidos. Creo que México fue el último país donde se hospedaron.

¿CASUALIDAD O CAUSALIDAD?

Curiosamente, mientras mi tíos estaban casándose, mis padres recorrían el camino inverso: se estaban separando. Un época bastante triste para mí, y en las épocas tristes uno sueña...

Un día estaba sentada en un sillón, frente a una mesita ratona china donde había revistas, entre ellas un ejemplar de la Elle con una sección de moda para niños. Una de las fotos de esa sección mostraba a una chiquita con un vestido que me había llamado mucho la atención por los colores, con franjas verticales y una faja roja que se ensanchaba hacia la parte del ombligo tipo tirolesa, y se ataba con un cordón cruzado por delante.

Como mi madre cosía, todos los días yo le pedía que me hiciera ese vestido, y ella me respondía que la gracia estaba en el género, pero ese género era francés y en la Argentina no existía ni había forma de comprar una tela de ese tipo. Así, hasta que llegó el día en que mis tíos regresaron de su luna de miel. Recuerdo que en la mesa del comedor habían puesto dos valijas enormes. Cuando las abrieron, parecían la bolsa de Papá Noel, repletas de regalos para toda la familia --y la mía era una familia muy grande.

De pronto, mi tía Rita sacó, sostenido de los hombros, un vestido exactamente igual a ese que yo había visto en la revista. No sé si por el asombro o por qué, yo me quedé mirando para arriba, con la cabeza inclinada hacia atrás. Miré a mi tía y busqué a mamá --yo quería que ella viera lo que estaba sucediendo--, y como no la encontré, supuse que estaría en la cocina preparando el té.

La encontré parada arriba de un banquito sacando de un aparador tazas que no eran de uso ordinario. Sin hablar --creo que me había quedado muda--, me acerqué y le mostré el vestido; mi madre miró hacia abajo, lo tomó con una sola mano, y sin salir de su asombro, con una mezcla de enojo, susto y desconcierto, me preguntó de dónde había sacado eso. Yo no le contesté nada. Entonces le preguntó a mi tía, que entraba en la cocina, y ella le explicó todo: "Estaba caminando por México, había una casa de misceláneas, y en medio de todo, vi este vestido".

Mi madre miró la etiqueta: efectivamente, el vestido era francés. El mismo que había sido fotografiado para la revista Elle. Antes de llegar a mis manos, ese vestido había dado una especie de vuelta al mundo.

Y en ese momento, casi como un destello, vislumbré que el espacio y el tiempo no existen, sino que se despliegan y al mismo tiempo se comprimen en un solo punto. .

LA AUTORA ES ACTRIZ

Por María Socas
Para LA NACION

viernes, 29 de agosto de 2003

lunes, 10 de febrero de 2003

Nota diario La Nación: Femenino Masculino, dir. Eduardo Rípari


Femenino masculino, dir. Eduardo Rípari
Gabriel Goity, Fernán Mirás, Viviana Saccone y María Socas

Femenino masculino, dir. Eduardo Rípari
Gabriel Goity, Fernán Mirás, Viviana Saccone y María Socas

Otras historias de amor por Marcelo Stiletano, para LA NACION 

"Cuando el libro llegó a mis manos por primera vez, no bien empecé a leerlo ya estaba riéndome a carcajadas. Hacía mucho tiempo que no me pasaba algo así", dispara Gabriel Goity en el soleado mediodía de Martínez, mientras cierra con un café la pausa para almorzar que separa dos exigentes sesiones de grabación en los estudios Pampa, de Martínez.
Con pequeños matices, la frase volverá a escucharse poco después, en este caso de boca de los otros tres protagonistas de "Femenino-masculino": Fernán Mirás, Viviana Saccone y María Socas. Y aunque cada uno dice lo suyo a su tiempo, la coincidencia es general.
Todos se arriesgan para prometer que el relato en forma de unitario semanal que se verá por Canal 9 a partir de esta noche, a las 23, no sólo será la apuesta más jugada de la renovación de pantalla que encara a partir de hoy la emisora, sino también una de las aventuras televisivas de mayor riesgo en un año que se muestra con mucho viento a favor para las producciones televisivas de ficción.
Buena parte de la confianza exhibida por los cuatro intérpretes principales de lo que se anticipa como una comedia dramática con vuelcos inesperados pasa por la expectativa de seguir -en este caso con un género diferente- el camino abierto un año atrás por "Los simuladores", dos de cuyos artífices -Federico D´Elia y Martín Seefeld- son precisamente los productores generales de "Femenino-masculino".
El punto de partida de esta historia concebida y escrita por Eduardo Rípari -también director- y Beatriz Carbajales coloca a los cuatro protagonistas en una sucesión de situaciones atípicas: Roberto (Goity) acaba de enterarse de que su esposa, Sofía (Socas), decidió abandonarlo para irse a vivir con otra mujer (Saccone) llevándose al hijo adolescente de ambos, René (Federico Cánepa).
Dispuesto a no alejarse del chico y vigilar de cerca a su ex mujer, Roberto se instala en el departamento contiguo al que acaba de ocupar la flamante pareja. Pero de repente se encuentra viviendo con el dueño de esa propiedad, Alejandro (Mirás), que es gay y acaba de volver de una larga estada en Europa. En esta suerte de convivencia forzada, el aprendizaje de nuevas formas de vida promete combinarse -en una mezcla que puede ser disparatada y también explosiva- hacia rumbos inesperados.
ENTRE EL CHISTE Y EL ABSURDO

"Yo colocaría a esta historia entre lo que es la comedia blanca al estilo Francella y el tono bizarro de "Todo por dos pesos", entre lo serio y lo absurdo", dice Goity con el mismo aire cómico que puede imaginarse tranquilamente en su personaje.
"Este hombre -agrega- está desesperado, tiene problemas vocacionales, nada le sale bien, vive de changas y para colmo se encuentra con esta situación. Más allá de que te haga reír, mi personaje no la pasa bien y juega en esos bordes que me gusta explorar como actor. En el fondo, Roberto es un personaje tierno y se mueve en un género, como la comedia dramática, que es para mí el más lindo de hacer en materia de ficción."
Para Mirás, la historia significa ante todo un reto para el trabajo de los actores, que en un instante pasan de una escena dramática a vestirse con trajes que semejan huevos fritos para ganarse unos pesos haciendo la promoción de una casa de comidas. "Lo único que tiene en claro mi personaje es su propia sexualidad -precisa-, y va construyendo el resto de sus vínculos en el programa."
En tanto, al personaje de Goity le queda, en términos afectivos, la amistad de dos amigos que conserva desde el secundario, Aarón (Damián Dreizik) y Masitelli (Atilio Veronelli), que prometen jugar más que ningún otro con la cuerda del absurdo.
"Mi personaje vive de hacer doblajes de películas pornográficas y anda todo el día volado", dice Veronelli de un papel que, aun secundario, promete ser clave en lo que define como una mezcla entre comedia y road movie. "No está aquí el clásico modelo de conflictos de las comedias televisivas con tres cámaras, cinco decorados y gente que abre y cierra puertas. Además, acá no hay diálogos de relleno, todo lo que pasa tiene sustancia."
Aunque, como todo el elenco, se empeña en mantener la reserva y aguardar hasta el momento de la salida al aire para revelar los giros de la trama, Goity refuerza esta idea anticipando que, por ejemplo, conforme vaya avanzando la historia "se van a ver ideas muy originales, como un capítulo que se desarrolla casi enteramente dentro de un vagón de ferrocarril y otro que se juega en dos autos que son remolcados".
El plan de grabaciones de "Femenino-masculino" demanda cuatro jornadas de 12 horas cada una por cada capítulo que transcurre entre los interiores registrados en los estudios Pampa y exteriores localizados en Martínez y en Luján. A los actores les cuesta encontrar antecedentes televisivos de una historia de estas características, a la que sólo parece acercarse "¿Son o se hacen?", aquella propuesta dirigida por Diego Kaplan que pasó también por el 9 en 1988 con espíritu casi experimental y jugando todo el tiempo con la ambigüedad sexual.
LOS RIESGOS DE LA AMBIGÜEDAD

Aunque nadie espera que se hable de "Femenino-masculino" por cuestiones ajenas a la trama capaces de generar controversia, como la presencia de personajes centrales de conducta homosexual, María Socas dice que las fantasías que el programa pueda generar son siempre bienvenidas. "No creo que sea cuestión de escandalizarse, porque cualquiera que vea el programa comprenderá que aquí se habla simplemente de dos personas que se enamoran, sólo que pertenecen al mismo sexo", explica.
"El programa se va a defender solo -agrega Saccone, anticipándose a los inevitables comentarios que las imágenes más audaces puedan generar en la TV chimentera-, porque los libros son excelentes y porque tenemos la ventaja de que el autor y el director son la misma persona. Además, de mí se han dicho tantas cosas inventadas que ni siquiera me tomo el trabajo de desmentirlas."
Para Goity, "¿Son o se hacen?" es una referencia óptima para mostrar cómo la TV está en condiciones de encarar caminos diferentes en materia de ficción.
"El programa me gustaba -dice-, pero parecía hecho para pocos. Aquí, en cambio, estamos más cerca de un modelo que quiere ganar un público adulto, pero masivo, porque el objetivo básico de este programa es entretener."
Para Socas, más allá de cualquier consideración sobre cuestiones sexuales que se desprenda del programa, "Femenino-masculino" puede verse como una suerte de disparador "de cosas que salen a la superficie para saber quiénes somos" que a su juicio nació en diciembre de 2001 y se manifestó en los meses siguientes. "A partir de allí la gente se volcó a reflexionar y a hacerse preguntas. Y cuando no había un peso increíblemente se llenaban cursos y había colegas que decían tener más alumnos que nunca."
Mirás, en tanto, cree que todos los problemas que vive la gente común en su casa también afectan a los actores. "Me parece que si la ficción está remontando es porque la gente también quiere vernos trabajar. Lo que más me llamó la atención no es que en estos últimos tiempos faltara ficción, sino que el público terminara implícitamente convalidando esa sensación de abaratamiento que dejaba la pantalla. Ahora, mientras más ficción haya, más posibilidades habrá de que haya mejores cosas para ver, pero lo que me extraña es que antes de todo esto la gente no haya apagado la tele."
EMBARAZO PREVISTO

Viviana Saccone, que luce orgullosa un embarazo de casi tres meses, se apresura a decir que en el libro ya estaba previsto con anterioridad un personaje femenino en ese estado. "No puedo decir nada acerca de cómo se plantearán las cosas en la ficción con mi embarazo, pero sí estoy feliz de trabajar en este momento dentro de una comedia. Como siento que el bebe irá percibiendo todo, si me llega a tocar en unos meses hacer un personaje dramático temo que no pueda distinguir entre ficción y realidad y que eso no le haga bien en el futuro", ilustró.


Femenino masculino, dir. Eduardo Rípari
Gabriel Goity, Fernán Mirás, Viviana Saccone y María Socas

domingo, 2 de septiembre de 2001

Nota: rev. Caras

Revista Caras
Wanda Brenner, María Socas y Sasha Brenner

Revista Caras
Wanda Brenner, María Socas y Sasha Brenner

Revista Caras
Sasha Brenner, María Socas y Wanda Brenner

miércoles, 2 de septiembre de 1998

Nota diario La Nación. Famosos y con clase

Diario La Nación, sección Espectáculos, miércoles 2 de setiembre de 1998 | Publicado en edición impresa  
http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=109144

Por Alejandro Cruz

Lito Cruz, Laura Novoa, Leonardo Sbaraglia y Graciela Dufau son algunos de los actores que comparten la celebridad con el aprendizaje de su oficio como simples alumnos


Adelante, el profesor Augusto Fernandes; detrás, sus consagrados y aplicados alumnos: Lito Cruz, Hugo Urquijo, Graciel Dufau,  María Socas,  Leonardo Sbaraglia,  Laura Novoa, PInty Saba, Alberto Segado,  Beatriz Spelzini y Rubén Ballester. Foto Sebastián Szyd


Ninguno de ellos es uno de esos estudiantes de teatro con esperanzas de ser descubiertos algún día. Pero como si nunca hubieran enfrentado al público desde un escenario, los 12 asisten religiosamente a sus clases, todos los sábados. Así las cosas, la antigua casona de Constitución donde se reúnen parece la sala de ensayo de alguna obra a punto de estrenar. Salvo porque esta vez Lito Cruz, Graciela Dufau, Hugo Urquijo,  Leonardo Sbaraglia, Alberto Segado, Laura Novoa, María Socas, Beatriz Spelzini, Rubén Ballester, Alicia Zanca, Roberto Castro y Pinty Saba son sólo alumnos. Pese a sus nombres con cartel.
No es la primera vez que se reúnen. En realidad, llevan cuatro meses compartiendo las jornadas que coordina Augusto Fernandes, el maestro de esta clase con nombres fuertes. Aplicados, comparten los deberes también: aseguran que se reúnen entre semana para ensayar los personajes de William Shakespeare que investigan. Y, según Dufau, aprovechan incluso los tiempos mínimos que les dejan sus respectivas obras para estudiar hasta en los pasillos de los teatros las partes que deben representar en clase. Vistos de afuera, cualquiera diría que estos chicos no son los típicos alumnos problema que siempre se sientan al fondo del aula.
Desde las 14, la puerta de la casona se abre sin cesar. Según la rutina habitual, se reúnen en la sala principal, un espacio grande con telones negros, sillas en gradas y un escenario donde, en parejas, representan sus partes. Una especie de pasar al frente a decir la lección que la mayoría enfrenta con el mismo temor de cuando eran adolescentes.
Con recreo incluido Mientras tanto, como público riguroso y exigente, los demás observan, critican, aplauden. La clase dura básicamente cuatro horas, con un recreo en el medio. Cerca de las 18, muchos se van a sus respectivas obras y otros tantos, según cuenta Fernandes, "se quedan a tomar un café hasta las 20, hablando de lo que hicimos en la clase". O "de la vida", como confiesa la alumna Novoa.
Entre las sillas también hay una cámara para registrar el trabajo. Cada uno de ellos lleva su propio videotape para grabar su representación y estudiarse después, detenidamente, en la pantalla de su televisor. Excepto Novoa, que todavía se resiste a llevarse el recuerdo de sus actuaciones.
Para las 17, hora en que permitieron el ingreso a La Nación , la clase está dispersa. Unos pocos siguen cuchicheando en el salón grande. Otros se escabulleron hacia el primer piso de esa casona reciclada, donde fueron en busca del almuerzo tardío, como en cada recreo de esta escuela de actores.
Lito Cruz llega con retraso. Viene directo de una reunión con los delegados de las distintas regiones que integran la Dirección Nacional de Teatro, que preside el actor. Alguien comenta que la alumna Alicia Zanca está ausente con aviso, por sus ensayos en la obra de Mauricio Kartún. Y Laura Novoa agrega que ella será la próxima en faltar todo el mes porque se va a los festivales de cine de Venecia y San Sebastián a participar de la presentación de la película "La nube", de Pino Solanas.
El maestro no pasa lista rigurosamente. Sabe que unos vienen, otros van y casi todos se quedan. De hecho, el director Marcelo Piñeyro fue alumno observador durante todo este tiempo. Pero ahora tuvo que abandonar el taller para filmar su nuevo film, "Plata quemada". Por allí también pasaron Carolina Fal y Alicia Bruzzo. Y además, como alumnos modelos de la misma división, se llaman por teléfono durante la semana para avisarse si van a faltar o si van a llegar más tarde a la cita de los sábados.
Entrenamiento deportivo Está claro que ninguno de ellos es nuevo en estos menesteres. Pero aquí hacen de cuenta que el camino andado es más bien corto. En palabras de Novoa, ellos están ahí "para hacer los palotes de vuelta".
Pero, más allá de las humildades compartidas, a la hora de repasar los palotes, los alumnos no eligieron textos menores. El taller se armó, y en ese camino sigue, para investigar los textos clásicos de William Shakespeare y sólo ahora comenzaron a incursionar además en los de Chejov y Calderón de la Barca.
Ellos dicen que decidieron andar esos caminos por las pocas posibilidades que hay afuera de representar esas obras. Pero también para entrenar. "Es igual que los deportistas. El jugador de fútbol tiene que entrenarse todos los días para jugar su partido", dice Dufau, como una entendida del balonpie. Spelzini, en cambio, prefiere la referencia escolar: "Hoy estuvimos con Calderón y lo hacemos como chicos de escuela. Afuera no se puede hacer esto. Este es un espacio maravilloso".
Como en una verdadera escuela, esta clase también está dividida entre tímidos y líderes. Lito Cruz, Leonardo Sbaraglia, Hugo Urquijo, Alberto Segado y Laura Novoa, llevan la voz cantante en la mayoría de los temas y hasta se pisan para hablar. María Socas, Beatriz Spelzini y Rubén Ballester eligen el plano silencioso y observador. Al menos durante la entrevista con La Nación . Antes y después, en la clase, todos  vuelven a su papel de alumnos que deben hacer los palotes de vuelta. Más allá de sus nombres con cartel.

viernes, 23 de junio de 1989

El fondo de pantalla: Elizabeth I

Retrato de la Reina Elizabeth I de Inglaterra e Irlanda (1533-1603), 
conocido como "The Phoenix Portrait" (Retrato del fénix), por el colgante de su collar, el ave Fénix.
c. 1575,  atribuido a Nicholas Hilliard., Tate Gallery, Londres. 
 El fénix como símbolo de sacrificio y renacimiento.

El diseño del género del vestido de Isabel en este retrato es el fondo de pantalla del blog (en la actualidad Spoonflower lo reversionó llevando el fondo a blanco).
Isabel I de Inglaterra fue el personaje designado por Andrea Tenuta como base para las improvisaciones de los lunes a lo largo del año 1989 con el grupo de teatro Las Lolas (ver http://mariasocasactriz.blogspot.com.ar/)