| Estreno de Lluvia constante, dir. Javier Daulte, Paseo La Plaza María Socas y Ernesto Claudio |
martes, 14 de junio de 2011
domingo, 8 de mayo de 2011
18° Festival solidario AMCA por el Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutierrez
viernes, 3 de diciembre de 2010
Pique-nique Baron B 2010, Sans Souci en San Fernando
Pique-nique de Baron B, viernes, 3 de diciembre de 2010
Moniquita Holmberg, Javier Iturrioz y Lucas Liguori crearon la atmósfera: invitados, ambientación y luces.
Moniquita Holmberg, Javier Iturrioz y Lucas Liguori crearon la atmósfera: invitados, ambientación y luces.
Divina tarde...
| Diego Alexandre y María Socas Palacio Sans Souci: contraluz al pasado Pique-nique de Baron B, viernes, 3 de diciembre de 2010 |
| Diego Alexandre y María Socas (by Laurencio Adot) Palacio Sans Souci, Pique-nique de Baron B Viernes, 3 de diciembre de 2010 |
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| Diego Alexandre y María Socas (by Laurencio Adot) Javier Iturrioz sacando la foto Palacio Sans Souci, Pique-nique de Baron B Viernes, 3 de diciembre de 2010 |
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| María Socas Palacio Sans Souci, Pique-nique de Baron B Viernes, 3 de diciembre de 2010 |
viernes, 26 de noviembre de 2010
Nota diario La Nación: «Autorretrato: "Frente al espejo"»
Por María Socas, diario La Nación, viernes, 26 de noviembre de 2010 | Publicado en edición impresa http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1328115,
Autorretrato
/ Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada: el elegido
se interroga y se fotografía a sí mismo / Producción: Jorge Fernández
María Socas dialoga con ella misma y le saca una foto a su reflejo. Con el paso de los minutos se asombra, relata sueños, se sumerge en reflexiones filosóficas y, en el papel de entrevistadora, revela que sus padres y abuelos la tratan de usted.
| María Socas: autofoto para La Nación |
María Socas dialoga con ella misma y le saca una foto a su reflejo. Con el paso de los minutos se asombra, relata sueños, se sumerge en reflexiones filosóficas y, en el papel de entrevistadora, revela que sus padres y abuelos la tratan de usted.
- ¿Qué cosas la asombran?
- ¿Cuál fue su sueño más lindo?
- ¿Libre albedrío o determinismo?
- ¿Qué expresiones extraña?
- ¿De qué se arrepiente?
- ¿Para terminar? ¿una frase favorita?
- ¿Podría explicarlo?
- Si sus padres y abuelos la tratan de usted no voy a ser yo quien la tutee.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
domingo, 9 de mayo de 2010
viernes, 4 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
Fiesta de fin de año de DArA, Novia de papel by Laurencio Adot, Palacio Rodriguez Peña
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| DECO + ARTE + MODA "Fiesta de Papel" Palacio Rodriguez Peña María Socas, Fabián Medina Flores y Mariana López Osornio Backstage |
| DECO + ARTE + MODA "Fiesta de Papel" Palacio Rodriguez Peña María Socas by Laurencio Adot Fabián Medina Flores by Mariana Lopez Osornio |
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| Revista Para Tí DECO + ARTE + MODA "Fiesta de Papel" Palacio Rodriguez Peña María Socas by Laurencio Adot Fabián Medina Flores by Mariana Lopez OsornioCintia Zabaljauregui |
DECO + ARTE + MODA "Fiesta de Papel"
Fiesta de fin de año de DArA (Decoradores Argentinos Asociados)
Palacio Rodriguez Peña
El papel fue el elemento temático que envolvió la fiesta y los protagonistas convocados desarrollaron toda su creatividad ajustándose a esa consigna.
Fiesta de fin de año de DArA (Decoradores Argentinos Asociados)
Palacio Rodriguez Peña
El papel fue el elemento temático que envolvió la fiesta y los protagonistas convocados desarrollaron toda su creatividad ajustándose a esa consigna.
María Socas by Laurencio Adot
Fabián Medina Flores by Mariana Lopez Osornio
http:// blogs.lanacion.com.ar/ bien-verde/moda/ vestidos-de-novia-de-papel/
Pablo Sodor
Puesta en Escena
.
Roxana Punta Alvarez
Julio Oropel
Ambientación
.
Silvia Albizu
Nino Ramella
Conducción
.
Orquesta de
Oscar Serrano
Cantante: Horacio Lagrott
.
Héctor Suasnabar
Musicalización
.
Equipo de Asistentes
Lidia Eguizábal
Paola Scalzo
Francisca López León
Juliana García Barbera
Alejandra Díaz
A beneficio de:
Un techo para mi país
Jueves, 3 de diciembre 2009
http://
Pablo Sodor
Puesta en Escena
.
Roxana Punta Alvarez
Julio Oropel
Ambientación
.
Silvia Albizu
Nino Ramella
Conducción
.
Orquesta de
Oscar Serrano
Cantante: Horacio Lagrott
.
Héctor Suasnabar
Musicalización
.
Equipo de Asistentes
Lidia Eguizábal
Paola Scalzo
Francisca López León
Juliana García Barbera
Alejandra Díaz
A beneficio de:
Un techo para mi país
Jueves, 3 de diciembre 2009
lunes, 23 de noviembre de 2009
Nota rev. Caras: María Socas presenta a su hija Wanda Brenner: Mi hija heredó mi pasión
Revista Caras, edición 1454, 2009
http://www.caras.com.ar/comun/nota.php?id=3776
Por [---], revista Caras, Buenos Aires, Argentina, noviembre 2010
http://www.caras.com.ar/comun/nota.php?id=3776
Wanda heredó mi pasión
La actriz María Socas presenta a su hija Wanda Brenner
Tiene sólo 12 años de edad. Es hija de la actriz, María Socas y el músico Rubén Brenner, y quiere seguir los pasos de su madre en el mundo de la actuación. Dueña de una belleza exótica, hace unos días, Wanda Brenner sintió que uno de sus grandes sueños comenzaba a cumplirse: el director Pablo Torre le propuso protagonizar su próximo filme, Las voces. El festejo fue doble, ya que a María le ofreció el papel de madre de su propia hija. Si bien las primeras escenas se rodarán hacia fin de mes, no ven la hora de comenzar a trabajar juntas.
“Mi amigo del alma, Jean-Pierre Noher es el protagonista masculino, y conoce a mi hija desde que nació, igual que Alejandro Awada. Nos conocemos mucho, nos queremos y estoy segura que trabajaremos en un clima excelente, porque fueron ellos los que se acordaron que mi hija tenía ganas de hacer algo en cine y me avisaron que Pablo estaba buscando una actriz preadolescente”, cuenta María.
Wanda escucha atentamente a su mamá, se muestra algo tímida, sin embargo, admite que actuar es todo un desafío y sabe que en este filme interpretará dos personajes diferentes. “La historia transcurre en dos tiempos: el presente y, a la par, se van desarrollando hechos que ocurrieron en la década del ´50. Como es un policial no puedo contar demasiado para no revelar el secreto. El personaje de mamá se llama Clara, igual que el mío. Estoy segura que Ale Awada y Pierre me van a ayudar porque me conocen desde que nací y son amigos de mamá”, dice Wanda.
—¿Ensayan juntas?
(María): —Debo confesar que es un placer, un momento muy nuestro, donde analizamos el guion y las escenas. Yo lo tomo como algo natural, porque hasta hace un año y medio leíamos juntas cuentos e historias casi todos los días.
(Wanda): —Nos divierte ver películas y comedias para adolescentes. Nos gustaron mucho El mundo de Sofía, El código Davinci y Matrix.
—María, ¿hasta cuando continúa con la obra Gorda?
—Por contrato terminamos el 30 de noviembre. Hace un año y diez meses que la obra es un suceso a tal punto que en un momento el afiche sólo decía Gorda. Nada más. Es una especie de marca registrada.
(Wanda): —Ojalá al público le guste nuestra película, como la obra donde trabaja mamá; el director sueña con llevarla al festival de Cannes. ¿Te imaginás? Aunque eso sería demasiado... Ya con esta noticia soy feliz.
Leé el resto de esta nota en la edición 1454 de Caras
http://www.caras.com.ar/comun/nota.php?id=3776
Por [---], revista Caras, Buenos Aires, Argentina, noviembre 2010
http://www.caras.com.ar/comun/nota.php?id=3776
Wanda heredó mi pasión
La actriz María Socas presenta a su hija Wanda Brenner
Tiene sólo 12 años de edad. Es hija de la actriz, María Socas y el músico Rubén Brenner, y quiere seguir los pasos de su madre en el mundo de la actuación. Dueña de una belleza exótica, hace unos días, Wanda Brenner sintió que uno de sus grandes sueños comenzaba a cumplirse: el director Pablo Torre le propuso protagonizar su próximo filme, Las voces. El festejo fue doble, ya que a María le ofreció el papel de madre de su propia hija. Si bien las primeras escenas se rodarán hacia fin de mes, no ven la hora de comenzar a trabajar juntas.
“Mi amigo del alma, Jean-Pierre Noher es el protagonista masculino, y conoce a mi hija desde que nació, igual que Alejandro Awada. Nos conocemos mucho, nos queremos y estoy segura que trabajaremos en un clima excelente, porque fueron ellos los que se acordaron que mi hija tenía ganas de hacer algo en cine y me avisaron que Pablo estaba buscando una actriz preadolescente”, cuenta María.
Wanda escucha atentamente a su mamá, se muestra algo tímida, sin embargo, admite que actuar es todo un desafío y sabe que en este filme interpretará dos personajes diferentes. “La historia transcurre en dos tiempos: el presente y, a la par, se van desarrollando hechos que ocurrieron en la década del ´50. Como es un policial no puedo contar demasiado para no revelar el secreto. El personaje de mamá se llama Clara, igual que el mío. Estoy segura que Ale Awada y Pierre me van a ayudar porque me conocen desde que nací y son amigos de mamá”, dice Wanda.
—¿Ensayan juntas?
(María): —Debo confesar que es un placer, un momento muy nuestro, donde analizamos el guion y las escenas. Yo lo tomo como algo natural, porque hasta hace un año y medio leíamos juntas cuentos e historias casi todos los días.
(Wanda): —Nos divierte ver películas y comedias para adolescentes. Nos gustaron mucho El mundo de Sofía, El código Davinci y Matrix.
—María, ¿hasta cuando continúa con la obra Gorda?
—Por contrato terminamos el 30 de noviembre. Hace un año y diez meses que la obra es un suceso a tal punto que en un momento el afiche sólo decía Gorda. Nada más. Es una especie de marca registrada.
(Wanda): —Ojalá al público le guste nuestra película, como la obra donde trabaja mamá; el director sueña con llevarla al festival de Cannes. ¿Te imaginás? Aunque eso sería demasiado... Ya con esta noticia soy feliz.
Leé el resto de esta nota en la edición 1454 de Caras
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| Revista Caras 2009 María Socas y Wanda Brenner María Socas by Laurencio Adot Wanda Brenner by Cheeky |
martes, 20 de octubre de 2009
sábado, 23 de mayo de 2009
Nota diario La Nación: «Embajadora de Oriente»
Por Jorge Luis Fernández, diario La Nación, sábado, 23 de mayo de 2009 | Publicado en edición impresa, http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1131212
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| Diario La Nación María Socas. Foto: Mauro Roll |
María Socas. La actriz encontró un camino de desarrollo en la cultura oriental
- En el jardín del bar Notorious, una escena evocadora de la película Kill Bill tuvo lugar entre la actriz María Socas y el fotógrafo Mauro Roll. María, vestida con ceremonial blanco de tai chi, hacía movimientos de ataque y repliegue mientras Roll, de impecable negro, se abalanzaba y retrocedía disparando, clic clac, como un gato obstinado en su objetivo escurridizo y burlón. Minutos después, la actriz hablaría del yin y el yang, símbolo blanco y negro del tai chi; los complementos que ocasionalmente se acercan produciendo algo especial, como esta involuntaria danza.
- "En la práctica de tai chi, el yin y el yang se unen en un centro que sería el origen", cuenta Socas, ya cómodamente sentada y vestida con ropa de calle, lejos de recordar a la Uma Thurman de Tarantino, pero igual de angelical. "El origen se localiza en el ombligo, que nos conecta al alimento total. Cuando nacemos eso está unido, pero luego el yin y el yang van separándose. Entonces, hay que volver a unir esos polos para que surja la energía verdadera."
- "En el tai chi, los mismos movimientos que se practican de manera lenta y relajada pueden combinarse en forma rápida (pero igual de relajada y por eso aun más letal) para la lucha. Inicialmente tenía la fantasía de usar esto como un arte marcial –reconoce la actriz–. Pero el tai chi me fue llevando por otro camino y acabé estudiando con los maestros que se concentran en la práctica espiritual."
- Socas empezó a estudiar esta disciplina en los años 90 por recomendación de su profesor de teatro, Carlos Gandolfo. "Yo era atleta y me irritaban los movimientos tan lentos, pero intuía que había algo. Y lo percibí en plenitud durante mis embarazos, cuando en el bajo vientre sentía la unión de la energía yin-yang. Creo que para las mujeres comprender esto es más fácil."
- La respiración es uno de los caminos del tai chi para encontrar la energía. "El bebe tiene una respiración bajita, abdominal, y a medida que crecemos va subiendo al pecho, hasta finalizar en la garganta. La zona abdominal está simbolizada por el agua, mientras el corazón y la mente están representados por el fuego. Llamamos fuego falso al pensamiento disperso. En cambio, cuando el fuego desciende y se pone bajo el agua nos vaciamos de pensamiento, tenemos la concentración relajada."
- Parte del entrenamiento se basa en abrir las articulaciones, que van endureciéndose con el tiempo. "Hay una práctica que se llama tai chi sentado. Lo primero que hago es extender la punta de los pies. Con la intención de la mente, el chi, vas siguiendo el recorrido de las piernas y sentís cómo se abren las rodillas. Con tu intención pasa la energía y circula la sangre. Así se logra la plasticidad, que no es una plasticidad gimnástica."
- De su estudio con distintos maestros, María conserva videos que demuestran el poder de la energía frente a la fuerza bruta. "Es la defensa desde el no ataque, lo que se llama hacer vacío –cuenta–. Vi al gran maestro Cheng Man Ching en una postura que se llama peng, con el brazo trazando un círculo horizontal frente al cuerpo y la mente irradiando energía desde el centro. Se acercaban chicos de 20 años y no podían ni moverlo. Rebotaban como una pelota de goma."
- "Para mí, la práctica es cotidiana; empiezo cuando abro los ojos cada mañana y al instante veo distinto, más luminoso", cuenta la actriz. Los ejercicios son particularmente eficaces antes de cada función de Gorda, obra que interpreta en el Paseo La Plaza. "La actividad es muy nerviosa y dispersa, muy de fuego falso. Por eso, llego dos horas antes y me quedo un rato haciendo tai chi. Eso me tranquiliza."
- Hace poco, la pasión por el tai chi derivó en el estudio de chino mandarín. "En español, para explicar conceptos como virtud tenés que llenarte de palabras. En cambio, en chino se trata de interpretar los trazos." Virtud, por ejemplo, incluye el icono de un ojo y pequeños trazos que representan la observación. "Con mirar el ideograma no hay nada más que explicar", dice.
- "Hacer esto no me pone bien ni mal. Es lo opuesto; es como no sentir nada, pero está buenísimo –se ríe–. Cuando estás muy bien, después pasa algo y todo se cae. Pasa en los estrenos de teatro, cuando hay una especie de euforia. Pero la peor función, como todos dicen, es la del día después. En cambio, esto es parecido a cuando uno es chiquito y no hay nada para hacer. Vos dirías que es como estar colgado; algo así, pero con la atención bien presente."
martes, 2 de diciembre de 2008
domingo, 7 de septiembre de 2008
viernes, 8 de agosto de 2008
Nota: rev. Caras: María Socas y sus hijos Sasha y Wanda: "Juntos nos divertimos como tres criaturas"
lunes, 16 de junio de 2008
Nota diario La Nación: «Autorretrato»
Por María Socas, diario La Nación, lunes, 16 de junio de 2008 | Publicado en edición impresa http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1021841
Es evidente. La actriz María Socas tiene un problema de identidad: su apellido es de origen griego, adora las danzas escocesas, aprendió a leer en inglés antes que en castellano y admira la cultura china. Otro detalle: es argentina. A continuación, acepta el desafío de autoentrevistarse y autofotografiarse, y sigue multiplicando identidades.
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| María Socas La Nación |
¿Qué estás haciendo?
–Estoy mirando a dos chiquitos de unos 10 años jugar a la paleta en el balcón de enfrente, enrejado hasta los tres metros de altura. Imagino que si ellos miraran hacia acá verían, detrás de otra reja protectora, a una mujer de pantalones escoceses escribiendo en una laptop sobre la manta también escocesa de la cama. Para contrarrestar, visualizo extensiones de color qing, como llaman los chinos al verde azulado de la naturaleza.
¿Por qué tanto escocés con un apellido griego?
–Las danzas escocesas fueron lo primero que hice por elección cuando tenía 9 años. Adoraba el sonido de las gaitas y ver las tablas de las polleras flotar en círculos entre espadas. A eso sumale que mi madre me enseñó a leer en inglés antes que en castellano.
Y la referencia al verde con una palabra en chino… ¿a qué se debe?
–Cada mañana el taijiquan con su circularidad y sus espadas sustituyó a las danzas, en el pequeño verde de la plaza Rodríguez Peña. El maestro Yuan también nos enseña chino. Me apasiona ver un mundo de ideas y la historia de una cultura reflejados en un ideograma. Es uno de mis pasatiempos.
¿Qué otros pasatiempos tenés?
– Me gusta leer: Mito y tragedia en la Grecia antigua, de Vernant y Vidal-Naquet; Kafka en la orilla de Murakami, El mandarín, de Eça de Queiroz, La alta cultura antes de la última glaciación, de Aldo Ottolenghi, la Biblia. Bucear con mi papá en la etimología de las palabras y leerles cuentos a mis hijos: las versiones completas de los cuentos folklóricos. Cocinar algo con ellos: gnocchi, panqueques, etcétera. Modificar cada tanto los lugares de las cosas de la casa, bailar, pintar objetos: una cajonera en donde reproduzco en cada cajón los diferentes diseños de los mosaicos de San Marco, en Venecia. Tomar café con leche con mis amigas y amigos, o encerrarme a ver alguna serie completa en un solo día, como Big Love o Roma . Ah, y empezar en agosto a comprar los regalos de Navidad y Jánuca…
¿Sos religiosa?
–¡Esa es una pregunta demasiado difícil y larga para contestar ahora! Y además se me acabó el tiempo, me tengo que ir ya al teatro a hacer la función de Gorda.
domingo, 13 de abril de 2008
Artículo por María Socas diario Página 12: Neil LaBute: «Probablemente ya estés muerto, aunque no lo sepas todavía»
Personajes --Neil LaBute: «Probablemente ya estés muerto, aunque no lo sepas todavía»
Por María Socas, diario Página 12, suplemento Radar, domingo, 13 de abril de 2008
NEIL LABUTE, EL CINEASTA Y DRAMATURGO DETRAS DE GORDA
Desde sus comienzos en el teatro, fascinado por los dramaturgos ingleses de posguerra que conmocionaban las butacas de Broadway antes de que el musical lo copara todo, y más tarde en sus películas (Tus amigos y vecinos, En compañía de los hombres), Neil LaBute escribió incesantemente sobre las crueles, sutiles, desparejas batallas emocionales en las que vivimos inmersos. Ahora, con el éxito de Gorda en la cartelera argentina, María Socas, que actúa en la obra, recorre el trabajo de este autor de espesor religioso que era mormón hasta que fue expulsado de la comunidad por uno de sus libros, y sigue el denominador común de todo su trabajo: el heroísmo que supone el amor.
Por Maria Socas
“Vuelvan entonces al teatro, miembros del público de todas partes, y ensúciense las manos. Siéntense más cerca de lo que suelen hacerlo. Huelan a los actores y hagan contacto visual con ellos y permitan que un poco de sangre salpique el ruedo de su ropa. Por un tiempo denles un respiro a los musicales: esos bastardos ya son lo suficientemente ricos. Demuéstrenos que si nosotros somos lo suficientemente valientes como para escribir sobre los asuntos que importan, entonces van a venir y van a mirar. Tal vez yo nunca pelee una batalla, o haga carrera política, o ayude a una anciana a cruzar la calle, pero cuando me siente a escribir, les prometo escribir sobre algún asunto de cierta importancia, y de hacerlo con honestidad y coraje. El tiempo del miedo y de la complacencia es pasado. La bravura necesita hacer un retorno a ambos lados de las candilejas, y pronto.”
Quien nos arenga y se arenga a sí mismo de manera llana e insolente es Neil LaBute. Pero el sonido de la voz que nos llega es mullido y pausado. Y lo que parece un desafío es casi un pedido, un “Si yo me animo, te tenés que animar vos también, no vale yo solo”. Así, con esta inocencia, el dramaturgo y cineasta estadounidense nos llama a meternos en las zonas más oscuras de nuestra especie, en lo que somos como raza humana y hacia donde estamos yendo. Y para este autor prolífico, “compasivo y agradable” como lo describen sus amigos, la mejor manera de hacerlo es a través del teatro, que es una religión, más que el cine, que es un negocio, como él mismo expresa. Estamos frente a un creador religioso en un mundo pagano.
Su lenguaje es el de la novela caballeresca trenzado con el callejero, oficinesco e íntimo erótico. “Héroes literarios” llama él a los dramaturgos ingleses que lo influenciaron (Harold Pinter, Edward Bond, David Hare, Howard Brenton, Caryl Churchill y Howard Barrer), “honestidad y valentía” es su lema. Obra tras obra se revuelve en la pregunta “¿Cómo hacer para salir del miedo y llegar a ser el héroe?”. Pero nunca nos va a dar la respuesta, porque su trabajo como él dice, es hacer las preguntas, no dar las respuestas. Es así que cuando se topa con una persona inmersa en el dolor él no trata de resolver la situación, sólo nos dice: “Ah, miremos más de cerca con el microscopio”, y empieza a hacer su trabajo, a buscar la forma de arruinarle un día perfecto, a causarle problemas, a encontrar maneras de complicarle el escenario: si está en un picnic, traerá la lluvia; si el matrimonio parece feliz, hará llegar “al otro”. Y así va construyendo el drama, con su ladrillo fundamental, el conflicto. Pero al igual que él, tampoco sus personajes luchan en guerras ni hacen carrera política, él escribe sobre pequeños grupos de hombres y mujeres –amigos, amantes, compañeros de trabajo, familia–, todos ensimismados en algún tipo de lucha de géneros.
Entonces, ¿qué tipo de heroísmo demanda él en este mundo que crea? En LaButeville, como dicen sus seguidores, el heroísmo que se demanda es el del amor. El amor como virtud. Y para él la virtud está asociada a la areté griega, una virtud ligada indisolublemente al heroísmo. Esta lucha heroica es por sentir el amor, por vivir en el amor. Es una lucha heroica contra el propio miedo, que impide el amor. Esta idea está compactada en Fat Pig (Gorda en Argentina), de manera simple y directa, en la forma en que nombró, por ejemplo, al personaje que él define como la heroína de la obra, Helena. Ella es Helena como la de Troya, y su apellido, Bond, como el de Edward Bond, su dramaturgo-héroe inglés, conformando así Helen Bond, nombre de la teóloga británica erudita en la Biblia (los estudios bíblicos son para él de mayor interés ya que la rutina de la lectura del libro sagrado es diaria desde el momento en que se unió a la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días –mormones– cuando cursaba sus estudios de teatro en la Brigham Young University (BYU), la universidad mormona a la que había sido llevado por su consejero asesor de la secundaria: “Yo no elegí la BYU, me gusta pensar que ella me eligió a mí”).
Ahora, ¿cuáles son las armas utilizadas en estas batallas, en estos pequeños mundos épicos? Las palabras. El uso de la palabra como arma lo aprendió de los dramaturgos británicos de la posguerra. Los descubrió mientras estudiaba en la Universidad de Kansas y fue así como encontró sus convicciones estéticas, queriendo fervientemente ser parte de eso, de acontecimientos de la envergadura de lo que había provocado Edward Bond por ejemplo: su negativa a quitar una sola línea de la escena de Salvados (1965), en la que se apedrea a un bebé hasta la muerte, llevó a que en 1968 se terminara aboliendo la ley de teatro que requería que las obras pasaran por la Lord Chamberlain’s Office para su censura y aprobación. La biblioteca de la universidad es el lugar donde encontró estos libros, pero la anglofilia la lleva en la sangre: su madre, una mujer sensible que se alegra con los éxitos de su hijo, siendo hija de un londinense, estuvo siempre embelesada con todo lo inglés. Esto le dio a él como joven estudiante el empuje para ahorrar y poder volar cruzando el Atlántico hasta los teatros de Londres y durante diez días ser espectador de las obras de sus héroes devorándolas de a dos por día. Años después, en Tus amigos y vecinos (1998), película escrita y dirigida por él, el personaje que encarna Jason Patrick, el Dr. Cary, saca un feto de dentro del vientre materno de un modelo en plástico, al mismo tiempo que sostiene una conversación telefónica, y, como si la pequeña figura humana fuera una pelota de football americano, lo pasa de una mano a otra hasta terminar pateándolo fuera de cuadro y comiendo un bocado de sandwich frente a nuestros ojos. Más allá del hecho de que sus personajes nazcan exclusivamente de su imaginación, como declara él, admite que algo de la atmósfera tensa que se respira en estos mundos creados puedan ser consecuencia de lo que generaba en su hogar de infancia la presencia de su padre, con quien en el presente ya no tiene contacto alguno: un hombre de temperamento volátil, criado durante la Depresión, camionero de oficio.
En la que tal vez sea su obra más conocida, En compañía de hombres (1993), la que posteriormente guionó y dirigió ganando el Filmmakers Trophy del Sundance Festival (1997), ya nos da la clave de un posible antídoto para combatir las palabras cuando son armas pero en lengua del enemigo: el personaje de Christine, la víctima, es sorda, aunque justamente por serlo tiene también una dificultad con el poder de la palabra. El primer disparo en esta obra sonó en la cabeza del propio LaBute: “Vamos a lastimar a alguien”, reverberó en su mente, y se dejó atraer por la idea de la agonía premeditada infligida a alguien por el mero placer de hacerlo: “A un personaje se lo puede matar sólo una vez, pero se lo puede lastimar día tras día”. La historia que surgió es simple: unos chicos conocen a una chica, los chicos destruyen a la chica, los chicos se ríen. Los dos chicos que despliegan crueldad se llaman Chad y Howard. Once años después, en el 2004, siguen vivos y activos como personajes en Fat Pig. Nunca los vemos en escena, pero sabemos que Chad y Howard están esperando a los dos ejecutivos de esta oficina para jugar al basquet en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Entonces... ¿Los victimarios salen impunes? ¿La crueldad no se paga? ¡¿Y además se quedan con el trofeo?! Como el Dr. Cary pateador de fetos, quien habiendo encontrado el mayor placer sexual de su vida durante la violación grupal de un compañero de secundario, logra finalmente dejar embarazada a “la chica linda” que todos desean. Fue más fuerte él que el aparentemente perfecto y buen mozo marido de ella, quien encuentra la más plena experiencia sexual en el propio cuerpo (Aaron Ekhart, su actor fetiche, practicante mormón con quien se conocieron en una clase de ética en la BYU). Y fue también más fuerte el Dr. Cary que el amante de ella, ese profesor seductor cuyo mayor placer sexual está en la propia verborragia. En la cultura mormona las historias deben ser inspiradoras mostrando el camino del bien. En las modernas parábolas de LaBute, él toma el camino opuesto, nos muestra el lado oscuro, el camino que no debemos seguir. “Si te gusta lo que ves, es una película de práctica. Si no te gusta, es de advertencia.” “I me mine” (“Yo mí mío”) de George Harrison, el último tema que grabaron Los Beatles, ya sin John Lennon, es la canción en la que pensaban Neil LaBute y su equipo durante el rodaje. Trata sobre el ego, el eterno problema. La serie de pronombres que forman el título de la canción es una forma convencional de referirse al ego en el contexto hindú: “Son por siempre libres quienes renuncien a todo deseo egoísta y puedan liberarse de la cárcel del ego, de yo, mi y mío para ser unidos con el Señor, éste es el estado supremo, cumple con esto y pasa de la muerte a la inmortalidad”, dice el Bhagavad Gita que lo inspiró. Si no hay ego, no importan los nombres propios, y los personajes de Tus amigos y vecinos no son nombrados nunca a lo largo de la película; sólo al final en los créditos nos enteramos de cuáles son sus nombres de pila: todos compuestos por dos sílabas y terminados con el fonema i suenan casi igual. Todos nombres intercambiables entre sí. Yo soy tú. Pero hay una cierta admiración azorada por este siempre presente personaje encantador-simpático-amoral que se queda con aquello que está en disputa, tal como hace el Dr. Cary. ¿Cuál es para LaBute la aparente ventaja que tiene? La falta de miedo. No la valentía. Simplemente la ausencia de temor, porque el amoral no responde a ninguna autoridad, ni terrenal ni divina. Como responde el Dr. Cary a la pregunta de si habrá que pagar por el daño que se hace: “Posiblemente, quiero decir, en términos de que haya un dios o algo ahí afuera, como ese asunto de la eternidad, entonces sí, probablemente, no sé, ya veremos. Pero hasta que llegue ese momento estamos en mi tiempo, el ínterin es mío”. Es entonces que la fe requiere de una gran valentía en este mundo corporativo donde “la filosofía de los negocios nos lleva a adoptar una mentalidad de ciudad sitiada, con unos pocos slogans como Tomá el control, Cuidá tu espalda, Conseguilo; es así que después de dieciséis horas de trabajo al día es difícil bajar un cambio y poder volver a ser una persona como para darse cuenta de que las cosas como el Amor no son commodities y que perder no está mal”. Y si se está dispuesto a perder, siempre se puede escribir sobre los temas que a uno le importan, como hizo Neil LaBute cuando creó Bash: Latter Day Plays (1999) (literalmente Golpe Violento: Obras de los últimos días) en la que sitúa a los tres personajes asesinos en el ámbito de los mormones practicantes, aunque el precio a pagar fuera la expulsión de su propia comunidad religiosa. De no ser capaz de correr estos riesgos, como dice el autor, “probablemente uno ya esté muerto aunque no lo sepa todavía”.
Por María Socas, diario Página 12, suplemento Radar, domingo, 13 de abril de 2008
NEIL LABUTE, EL CINEASTA Y DRAMATURGO DETRAS DE GORDA
Desde sus comienzos en el teatro, fascinado por los dramaturgos ingleses de posguerra que conmocionaban las butacas de Broadway antes de que el musical lo copara todo, y más tarde en sus películas (Tus amigos y vecinos, En compañía de los hombres), Neil LaBute escribió incesantemente sobre las crueles, sutiles, desparejas batallas emocionales en las que vivimos inmersos. Ahora, con el éxito de Gorda en la cartelera argentina, María Socas, que actúa en la obra, recorre el trabajo de este autor de espesor religioso que era mormón hasta que fue expulsado de la comunidad por uno de sus libros, y sigue el denominador común de todo su trabajo: el heroísmo que supone el amor.
Por Maria Socas
“Vuelvan entonces al teatro, miembros del público de todas partes, y ensúciense las manos. Siéntense más cerca de lo que suelen hacerlo. Huelan a los actores y hagan contacto visual con ellos y permitan que un poco de sangre salpique el ruedo de su ropa. Por un tiempo denles un respiro a los musicales: esos bastardos ya son lo suficientemente ricos. Demuéstrenos que si nosotros somos lo suficientemente valientes como para escribir sobre los asuntos que importan, entonces van a venir y van a mirar. Tal vez yo nunca pelee una batalla, o haga carrera política, o ayude a una anciana a cruzar la calle, pero cuando me siente a escribir, les prometo escribir sobre algún asunto de cierta importancia, y de hacerlo con honestidad y coraje. El tiempo del miedo y de la complacencia es pasado. La bravura necesita hacer un retorno a ambos lados de las candilejas, y pronto.”
Quien nos arenga y se arenga a sí mismo de manera llana e insolente es Neil LaBute. Pero el sonido de la voz que nos llega es mullido y pausado. Y lo que parece un desafío es casi un pedido, un “Si yo me animo, te tenés que animar vos también, no vale yo solo”. Así, con esta inocencia, el dramaturgo y cineasta estadounidense nos llama a meternos en las zonas más oscuras de nuestra especie, en lo que somos como raza humana y hacia donde estamos yendo. Y para este autor prolífico, “compasivo y agradable” como lo describen sus amigos, la mejor manera de hacerlo es a través del teatro, que es una religión, más que el cine, que es un negocio, como él mismo expresa. Estamos frente a un creador religioso en un mundo pagano.
Su lenguaje es el de la novela caballeresca trenzado con el callejero, oficinesco e íntimo erótico. “Héroes literarios” llama él a los dramaturgos ingleses que lo influenciaron (Harold Pinter, Edward Bond, David Hare, Howard Brenton, Caryl Churchill y Howard Barrer), “honestidad y valentía” es su lema. Obra tras obra se revuelve en la pregunta “¿Cómo hacer para salir del miedo y llegar a ser el héroe?”. Pero nunca nos va a dar la respuesta, porque su trabajo como él dice, es hacer las preguntas, no dar las respuestas. Es así que cuando se topa con una persona inmersa en el dolor él no trata de resolver la situación, sólo nos dice: “Ah, miremos más de cerca con el microscopio”, y empieza a hacer su trabajo, a buscar la forma de arruinarle un día perfecto, a causarle problemas, a encontrar maneras de complicarle el escenario: si está en un picnic, traerá la lluvia; si el matrimonio parece feliz, hará llegar “al otro”. Y así va construyendo el drama, con su ladrillo fundamental, el conflicto. Pero al igual que él, tampoco sus personajes luchan en guerras ni hacen carrera política, él escribe sobre pequeños grupos de hombres y mujeres –amigos, amantes, compañeros de trabajo, familia–, todos ensimismados en algún tipo de lucha de géneros.
Entonces, ¿qué tipo de heroísmo demanda él en este mundo que crea? En LaButeville, como dicen sus seguidores, el heroísmo que se demanda es el del amor. El amor como virtud. Y para él la virtud está asociada a la areté griega, una virtud ligada indisolublemente al heroísmo. Esta lucha heroica es por sentir el amor, por vivir en el amor. Es una lucha heroica contra el propio miedo, que impide el amor. Esta idea está compactada en Fat Pig (Gorda en Argentina), de manera simple y directa, en la forma en que nombró, por ejemplo, al personaje que él define como la heroína de la obra, Helena. Ella es Helena como la de Troya, y su apellido, Bond, como el de Edward Bond, su dramaturgo-héroe inglés, conformando así Helen Bond, nombre de la teóloga británica erudita en la Biblia (los estudios bíblicos son para él de mayor interés ya que la rutina de la lectura del libro sagrado es diaria desde el momento en que se unió a la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días –mormones– cuando cursaba sus estudios de teatro en la Brigham Young University (BYU), la universidad mormona a la que había sido llevado por su consejero asesor de la secundaria: “Yo no elegí la BYU, me gusta pensar que ella me eligió a mí”).
Ahora, ¿cuáles son las armas utilizadas en estas batallas, en estos pequeños mundos épicos? Las palabras. El uso de la palabra como arma lo aprendió de los dramaturgos británicos de la posguerra. Los descubrió mientras estudiaba en la Universidad de Kansas y fue así como encontró sus convicciones estéticas, queriendo fervientemente ser parte de eso, de acontecimientos de la envergadura de lo que había provocado Edward Bond por ejemplo: su negativa a quitar una sola línea de la escena de Salvados (1965), en la que se apedrea a un bebé hasta la muerte, llevó a que en 1968 se terminara aboliendo la ley de teatro que requería que las obras pasaran por la Lord Chamberlain’s Office para su censura y aprobación. La biblioteca de la universidad es el lugar donde encontró estos libros, pero la anglofilia la lleva en la sangre: su madre, una mujer sensible que se alegra con los éxitos de su hijo, siendo hija de un londinense, estuvo siempre embelesada con todo lo inglés. Esto le dio a él como joven estudiante el empuje para ahorrar y poder volar cruzando el Atlántico hasta los teatros de Londres y durante diez días ser espectador de las obras de sus héroes devorándolas de a dos por día. Años después, en Tus amigos y vecinos (1998), película escrita y dirigida por él, el personaje que encarna Jason Patrick, el Dr. Cary, saca un feto de dentro del vientre materno de un modelo en plástico, al mismo tiempo que sostiene una conversación telefónica, y, como si la pequeña figura humana fuera una pelota de football americano, lo pasa de una mano a otra hasta terminar pateándolo fuera de cuadro y comiendo un bocado de sandwich frente a nuestros ojos. Más allá del hecho de que sus personajes nazcan exclusivamente de su imaginación, como declara él, admite que algo de la atmósfera tensa que se respira en estos mundos creados puedan ser consecuencia de lo que generaba en su hogar de infancia la presencia de su padre, con quien en el presente ya no tiene contacto alguno: un hombre de temperamento volátil, criado durante la Depresión, camionero de oficio.
En la que tal vez sea su obra más conocida, En compañía de hombres (1993), la que posteriormente guionó y dirigió ganando el Filmmakers Trophy del Sundance Festival (1997), ya nos da la clave de un posible antídoto para combatir las palabras cuando son armas pero en lengua del enemigo: el personaje de Christine, la víctima, es sorda, aunque justamente por serlo tiene también una dificultad con el poder de la palabra. El primer disparo en esta obra sonó en la cabeza del propio LaBute: “Vamos a lastimar a alguien”, reverberó en su mente, y se dejó atraer por la idea de la agonía premeditada infligida a alguien por el mero placer de hacerlo: “A un personaje se lo puede matar sólo una vez, pero se lo puede lastimar día tras día”. La historia que surgió es simple: unos chicos conocen a una chica, los chicos destruyen a la chica, los chicos se ríen. Los dos chicos que despliegan crueldad se llaman Chad y Howard. Once años después, en el 2004, siguen vivos y activos como personajes en Fat Pig. Nunca los vemos en escena, pero sabemos que Chad y Howard están esperando a los dos ejecutivos de esta oficina para jugar al basquet en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Entonces... ¿Los victimarios salen impunes? ¿La crueldad no se paga? ¡¿Y además se quedan con el trofeo?! Como el Dr. Cary pateador de fetos, quien habiendo encontrado el mayor placer sexual de su vida durante la violación grupal de un compañero de secundario, logra finalmente dejar embarazada a “la chica linda” que todos desean. Fue más fuerte él que el aparentemente perfecto y buen mozo marido de ella, quien encuentra la más plena experiencia sexual en el propio cuerpo (Aaron Ekhart, su actor fetiche, practicante mormón con quien se conocieron en una clase de ética en la BYU). Y fue también más fuerte el Dr. Cary que el amante de ella, ese profesor seductor cuyo mayor placer sexual está en la propia verborragia. En la cultura mormona las historias deben ser inspiradoras mostrando el camino del bien. En las modernas parábolas de LaBute, él toma el camino opuesto, nos muestra el lado oscuro, el camino que no debemos seguir. “Si te gusta lo que ves, es una película de práctica. Si no te gusta, es de advertencia.” “I me mine” (“Yo mí mío”) de George Harrison, el último tema que grabaron Los Beatles, ya sin John Lennon, es la canción en la que pensaban Neil LaBute y su equipo durante el rodaje. Trata sobre el ego, el eterno problema. La serie de pronombres que forman el título de la canción es una forma convencional de referirse al ego en el contexto hindú: “Son por siempre libres quienes renuncien a todo deseo egoísta y puedan liberarse de la cárcel del ego, de yo, mi y mío para ser unidos con el Señor, éste es el estado supremo, cumple con esto y pasa de la muerte a la inmortalidad”, dice el Bhagavad Gita que lo inspiró. Si no hay ego, no importan los nombres propios, y los personajes de Tus amigos y vecinos no son nombrados nunca a lo largo de la película; sólo al final en los créditos nos enteramos de cuáles son sus nombres de pila: todos compuestos por dos sílabas y terminados con el fonema i suenan casi igual. Todos nombres intercambiables entre sí. Yo soy tú. Pero hay una cierta admiración azorada por este siempre presente personaje encantador-simpático-amoral que se queda con aquello que está en disputa, tal como hace el Dr. Cary. ¿Cuál es para LaBute la aparente ventaja que tiene? La falta de miedo. No la valentía. Simplemente la ausencia de temor, porque el amoral no responde a ninguna autoridad, ni terrenal ni divina. Como responde el Dr. Cary a la pregunta de si habrá que pagar por el daño que se hace: “Posiblemente, quiero decir, en términos de que haya un dios o algo ahí afuera, como ese asunto de la eternidad, entonces sí, probablemente, no sé, ya veremos. Pero hasta que llegue ese momento estamos en mi tiempo, el ínterin es mío”. Es entonces que la fe requiere de una gran valentía en este mundo corporativo donde “la filosofía de los negocios nos lleva a adoptar una mentalidad de ciudad sitiada, con unos pocos slogans como Tomá el control, Cuidá tu espalda, Conseguilo; es así que después de dieciséis horas de trabajo al día es difícil bajar un cambio y poder volver a ser una persona como para darse cuenta de que las cosas como el Amor no son commodities y que perder no está mal”. Y si se está dispuesto a perder, siempre se puede escribir sobre los temas que a uno le importan, como hizo Neil LaBute cuando creó Bash: Latter Day Plays (1999) (literalmente Golpe Violento: Obras de los últimos días) en la que sitúa a los tres personajes asesinos en el ámbito de los mormones practicantes, aunque el precio a pagar fuera la expulsión de su propia comunidad religiosa. De no ser capaz de correr estos riesgos, como dice el autor, “probablemente uno ya esté muerto aunque no lo sepa todavía”.
sábado, 12 de abril de 2008
Artículo por María Socas diario Perfil: «Neil Labute: Dios no admite el sobrepeso»
Por María Socas, diario Perfil, Espectáculos, sábado, 12 de Abril de 2008, Año III, Nº 0250, Buenos Aires, Argentina, Edición Impresa, http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0250/articulo.php?art=6675&ed=0250,
Por María Socas
El autor de Gorda ejerció durante años la fe mormona, y al mismo tiempo manejó un humor corrosivo que apuntaba contra las instituciones. Sostiene que vivimos en una sociedad descartable, e intenta retratar nuestros días a partir de esa máxima. María Socas, actriz del éxito de las salas porteñas, da su visión del fenómeno.
Todas las noches, un cartel idéntico: localidades agotadas. Tanto es así que los productores tuvieron que difundir un comunicado en el que se recomienda no asistir sin haber comprado las entradas con antelación. Este fenómeno –por demás atípico para la cartelera teatral porteña– se produce con Gorda, en el Paseo La Plaza. Donde se dio la obra –por ejemplo, Nueva York o Barcelona–, fue un éxito. Y lo que se repite, en uno y otro escenario, es la pieza –más allá de sus adaptaciones– y la firma de su autor: Neil LaBute.
“Si observamos la forma en la que mis personajes interactúan unos con otros, lo más probable es que tomen el camino fácil. Vivimos en una sociedad descartable. Es más fácil tirar las cosas que arreglarlas. Especialmente en lo que se refiere a las relaciones, somos muy rápidos para decir que lo mejor es terminarlo, sólo porque no queremos hacer el trabajo”, dice Neil LaBute, el dramaturgo, guionista y director estadounidense nacido el 19 de marzo de 1963 en Detroit, Michigan.
Hay algo que resalta en la obra de LaBute: su humor corrosivo, que apunta contra lo que se suele considerar normal en la sociedad moderna. Es probable que esa mirada distante sobre lo que nos sucede tenga que ver con su infancia en Washington, en un hogar dominado por un padre intimidador, camionero nacido durante la Gran Depresión.
Ninguno de sus padres era religioso, pero LaBute, un niño tranquilo, comenzó a asistir a la Iglesia y a estudiar la Biblia. A ello se agregaba el mirar, junto a su madre ama de casa, las películas extranjeras que daban en la televisión pública.
En la adolescencia se iba a profundizar su doble vocación. Por un lado, en el colegio secundario protagonizó varias puestas teatrales como Arsénico y encaje antiguo y Nuestro pueblo. Por el otro, de allí derivaría –beca mediante– a estudiar en la Brigham Young University (BYU) en Utah, donde se unió a la Iglesia de Jesucristo de los Ultimos Días, más conocida como la iglesia de los mormones.
“Yo no elegí la BYU, me gusta pensar que ella me eligió a mí”, dice LaBute al respecto.
La fe mormona tiene una particularidad: Brigham Young, que le da su nombre a la universidad donde se formó LaBute, fue el segundo profeta vidente y revelador de los mormones. Otro detalle: este hombre contrajo matrimonio con 51 esposas y tuvo con 16 de ellas 54 niños a su cargo.
La institución, finalmente, entró en colisión con las actitudes del futuro dramaturgo. La iglesia de los mormones, por ejemplo, impedía a sus miembros ver películas prohibidas para menores, así como también tener pensamientos impuros. En ese contexto, LaBute se transformó en el rebelde que provocaba tanto temor como admiración en sus compañeros de facultad. Era, al mismo tiempo, la tortura y la admiración del departamento de teatro de la BYU.
El lazo estrecho y conflictivo con los mormones comenzó a tambalear en 1985, cuando LaBute tenía 22 años: se casó con su novia de la secundaria –Lisa Gore, terapeuta de familia– e ingresó en un máster de la Universidad de Kansas, donde descubrió a los dramaturgos británicos de posguerra que serían su gran influencia –Harold Pinter, Edward Bond y Howard Barrer–. Luego, se alejó aún más –incluso geográficamente–: hizo otro máster, ahora en la Universidad de Nueva York. Allí montó su primera obra, Filthy Talk for Troubled Times (Charla sucia para tiempos problemáticos), compuesta por monólogos punzantes y a veces vulgares que llegaron a provocar que un espectador se levantara de su butaca y gritase “¡Maten al autor!”.
A mediados de los ’90, mientras trabajaba como profesor de dramaturgia en el St. Francis College de Fort Wayne, Indiana, junto con un trabajo en el Hospital Psiquiátrico de la región, se dedicó al armado de su ópera prima para el cine. En sólo 11 días, con un equipo conformado por voluntarios y sosteniendo los aspectos técnicos con 25.000 dólares que le donaron dos ex alumnos que habían cobrado el dinero del seguro de un accidente de auto, filmó En compañía de hombres. Fue premiado en el Festival de Sundance, y visitó los festivales de Cannes, Edimburgo y Montreal.
El éxito del film protagonizado con Aaron Eckhart le permitió estrenar, en 1998, su segunda película: Tus amigos y vecinos, que contaba la historia de seis personajes despiadados que se trenzaban en juegos de sexo y poder, incluyendo una relación homosexual que involucraba al personaje encarnado por Natassja Kinski. Una vez más, el público y la crítica se escandalizaron, particularmente con la escena en que el personaje del actor Jason Patric relataba la que consideraba su mejor experiencia sexual: la violación en grupo de un compañero de la secundaria.
Tanta provocación iba a terminar por estallar en la fe mormona. En 1999 montó la proclamada Bash: Latter Day Plays (de la que la traducción literal sería Golpe Violento: Obras de los Ultimos días), y surgió el problema. Protagonizada por Calista Flockhart (Ally Mc Beal), la obra estaba compuesta por tres piezas de un acto –los primeros dos en forma de monólogos–, y los personajes eran mormones practicantes que confesaban crímenes atroces, desde el infanticidio hasta el brutal asesinato de un homosexual. Tal caracterización de los fieles mormones hizo que la Iglesia de Jesucristo de los Ultimos Días impidiera a LaBute recibir el sacramento hasta que no dejase de escribir lo que no estuviera de acuerdo con sus normas y principios. Esto generó que unos años después el mismo dramaturgo terminara por alejarse del grupo.
La respuesta más clara a sus años mormones la dio con su séptima película. En el 2006 estrenó The Wicker Man, remake de un film británico de horror de 1973. Allí, un policía (Nicolas Cage) viajaba a la isla donde se había escapado una ex novia suya, que denunciaba la desaparición de su hijo. A lo largo de la búsqueda, se mostraba a un grupo humano que ejercía prácticas religiosas, de renuncia con los hábitos modernos. El final era elocuente: los fieles sacrificaban hombres. La última imagen mostraba a Nicolas Cage que era quemado vivo por no resultar acorde con los principios del grupo religioso.
Entre la fe y la provocación, LaBute decidió quedarse con esta última.
Las claves de Gorda
Gorda se estrenó mundialmente el 17 de noviembre de 2004 en el Manhattan Class Company (MCC), teatro de Nueva York. El elenco estaba compuesto por: Jeremy Piven (Entourage) como Tommy, Andrew Mc Carthy (Brat Pack) como Dany, Ashley Atkinson como Helena y Keri Russel (Felicity) como Juana.
Fat Pig está inspirado en la propia experiencia de LaBute. Obeso, un día se dio cuenta de que no se sentía atractivo. “Mi aspecto era una porquería, estaba harto de usar siempre los mismos pantalones. Entonces hice algo al respecto. Planifiqué para mí un régimen detallado y me aboqué a la tarea usando este simple mantra: "Pará de comer tanto, gordo bastardo’”. Adelgazó 30 kilos. Y como reconoce él, lo hizo por razones mundanas: para poder, por ejemplo, comprarse ropa en Banana Republic. Durante los ocho meses de dieta y ejercicios se sintió feliz, saludable y de buen ánimo. Le gustaba volver rápido a su casa después de una caminata o levantarse de un salto a la mañana para estudiarse a sí mismo en el espejo. Pero dejó de reconocerse. “¿Quién era esta persona que ya ni siquiera escribía?”.
Entonces volvió a engordar y a escribir.
“Los escritores, para mejor o para peor, son dioses de su propio universo: es así porque yo lo digo así; y aunque este cielo propio pueda ser un poco solitario, tengo una vista fantástica.” En el planeta que creó para Gorda, la totalidad de los personajes son desesperadamente humanos, y por eso los quiere a todos. Son seres que desean tener convicciones, pero prefieren ser aceptados o satisfacer sus necesidades.
El espera que sean tan interesantes y complejos como las personas en la vida real.
Por María Socas
El autor de Gorda ejerció durante años la fe mormona, y al mismo tiempo manejó un humor corrosivo que apuntaba contra las instituciones. Sostiene que vivimos en una sociedad descartable, e intenta retratar nuestros días a partir de esa máxima. María Socas, actriz del éxito de las salas porteñas, da su visión del fenómeno.
Todas las noches, un cartel idéntico: localidades agotadas. Tanto es así que los productores tuvieron que difundir un comunicado en el que se recomienda no asistir sin haber comprado las entradas con antelación. Este fenómeno –por demás atípico para la cartelera teatral porteña– se produce con Gorda, en el Paseo La Plaza. Donde se dio la obra –por ejemplo, Nueva York o Barcelona–, fue un éxito. Y lo que se repite, en uno y otro escenario, es la pieza –más allá de sus adaptaciones– y la firma de su autor: Neil LaBute.
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| Polémico. Junto a Gwyneth Paltrow, con quien filmó Posesión. Cada obra de Labute apunta a polemizar, ya sea con el sexo o con la religión. Fue mormón, y luego se alejó –o lo alejaron. |
Hay algo que resalta en la obra de LaBute: su humor corrosivo, que apunta contra lo que se suele considerar normal en la sociedad moderna. Es probable que esa mirada distante sobre lo que nos sucede tenga que ver con su infancia en Washington, en un hogar dominado por un padre intimidador, camionero nacido durante la Gran Depresión.
Ninguno de sus padres era religioso, pero LaBute, un niño tranquilo, comenzó a asistir a la Iglesia y a estudiar la Biblia. A ello se agregaba el mirar, junto a su madre ama de casa, las películas extranjeras que daban en la televisión pública.
En la adolescencia se iba a profundizar su doble vocación. Por un lado, en el colegio secundario protagonizó varias puestas teatrales como Arsénico y encaje antiguo y Nuestro pueblo. Por el otro, de allí derivaría –beca mediante– a estudiar en la Brigham Young University (BYU) en Utah, donde se unió a la Iglesia de Jesucristo de los Ultimos Días, más conocida como la iglesia de los mormones.
“Yo no elegí la BYU, me gusta pensar que ella me eligió a mí”, dice LaBute al respecto.
La fe mormona tiene una particularidad: Brigham Young, que le da su nombre a la universidad donde se formó LaBute, fue el segundo profeta vidente y revelador de los mormones. Otro detalle: este hombre contrajo matrimonio con 51 esposas y tuvo con 16 de ellas 54 niños a su cargo.
La institución, finalmente, entró en colisión con las actitudes del futuro dramaturgo. La iglesia de los mormones, por ejemplo, impedía a sus miembros ver películas prohibidas para menores, así como también tener pensamientos impuros. En ese contexto, LaBute se transformó en el rebelde que provocaba tanto temor como admiración en sus compañeros de facultad. Era, al mismo tiempo, la tortura y la admiración del departamento de teatro de la BYU.
El lazo estrecho y conflictivo con los mormones comenzó a tambalear en 1985, cuando LaBute tenía 22 años: se casó con su novia de la secundaria –Lisa Gore, terapeuta de familia– e ingresó en un máster de la Universidad de Kansas, donde descubrió a los dramaturgos británicos de posguerra que serían su gran influencia –Harold Pinter, Edward Bond y Howard Barrer–. Luego, se alejó aún más –incluso geográficamente–: hizo otro máster, ahora en la Universidad de Nueva York. Allí montó su primera obra, Filthy Talk for Troubled Times (Charla sucia para tiempos problemáticos), compuesta por monólogos punzantes y a veces vulgares que llegaron a provocar que un espectador se levantara de su butaca y gritase “¡Maten al autor!”.
A mediados de los ’90, mientras trabajaba como profesor de dramaturgia en el St. Francis College de Fort Wayne, Indiana, junto con un trabajo en el Hospital Psiquiátrico de la región, se dedicó al armado de su ópera prima para el cine. En sólo 11 días, con un equipo conformado por voluntarios y sosteniendo los aspectos técnicos con 25.000 dólares que le donaron dos ex alumnos que habían cobrado el dinero del seguro de un accidente de auto, filmó En compañía de hombres. Fue premiado en el Festival de Sundance, y visitó los festivales de Cannes, Edimburgo y Montreal.
El éxito del film protagonizado con Aaron Eckhart le permitió estrenar, en 1998, su segunda película: Tus amigos y vecinos, que contaba la historia de seis personajes despiadados que se trenzaban en juegos de sexo y poder, incluyendo una relación homosexual que involucraba al personaje encarnado por Natassja Kinski. Una vez más, el público y la crítica se escandalizaron, particularmente con la escena en que el personaje del actor Jason Patric relataba la que consideraba su mejor experiencia sexual: la violación en grupo de un compañero de la secundaria.
Tanta provocación iba a terminar por estallar en la fe mormona. En 1999 montó la proclamada Bash: Latter Day Plays (de la que la traducción literal sería Golpe Violento: Obras de los Ultimos días), y surgió el problema. Protagonizada por Calista Flockhart (Ally Mc Beal), la obra estaba compuesta por tres piezas de un acto –los primeros dos en forma de monólogos–, y los personajes eran mormones practicantes que confesaban crímenes atroces, desde el infanticidio hasta el brutal asesinato de un homosexual. Tal caracterización de los fieles mormones hizo que la Iglesia de Jesucristo de los Ultimos Días impidiera a LaBute recibir el sacramento hasta que no dejase de escribir lo que no estuviera de acuerdo con sus normas y principios. Esto generó que unos años después el mismo dramaturgo terminara por alejarse del grupo.
La respuesta más clara a sus años mormones la dio con su séptima película. En el 2006 estrenó The Wicker Man, remake de un film británico de horror de 1973. Allí, un policía (Nicolas Cage) viajaba a la isla donde se había escapado una ex novia suya, que denunciaba la desaparición de su hijo. A lo largo de la búsqueda, se mostraba a un grupo humano que ejercía prácticas religiosas, de renuncia con los hábitos modernos. El final era elocuente: los fieles sacrificaban hombres. La última imagen mostraba a Nicolas Cage que era quemado vivo por no resultar acorde con los principios del grupo religioso.
Entre la fe y la provocación, LaBute decidió quedarse con esta última.
Las claves de Gorda
Gorda se estrenó mundialmente el 17 de noviembre de 2004 en el Manhattan Class Company (MCC), teatro de Nueva York. El elenco estaba compuesto por: Jeremy Piven (Entourage) como Tommy, Andrew Mc Carthy (Brat Pack) como Dany, Ashley Atkinson como Helena y Keri Russel (Felicity) como Juana.
Fat Pig está inspirado en la propia experiencia de LaBute. Obeso, un día se dio cuenta de que no se sentía atractivo. “Mi aspecto era una porquería, estaba harto de usar siempre los mismos pantalones. Entonces hice algo al respecto. Planifiqué para mí un régimen detallado y me aboqué a la tarea usando este simple mantra: "Pará de comer tanto, gordo bastardo’”. Adelgazó 30 kilos. Y como reconoce él, lo hizo por razones mundanas: para poder, por ejemplo, comprarse ropa en Banana Republic. Durante los ocho meses de dieta y ejercicios se sintió feliz, saludable y de buen ánimo. Le gustaba volver rápido a su casa después de una caminata o levantarse de un salto a la mañana para estudiarse a sí mismo en el espejo. Pero dejó de reconocerse. “¿Quién era esta persona que ya ni siquiera escribía?”.
Entonces volvió a engordar y a escribir.
“Los escritores, para mejor o para peor, son dioses de su propio universo: es así porque yo lo digo así; y aunque este cielo propio pueda ser un poco solitario, tengo una vista fantástica.” En el planeta que creó para Gorda, la totalidad de los personajes son desesperadamente humanos, y por eso los quiere a todos. Son seres que desean tener convicciones, pero prefieren ser aceptados o satisfacer sus necesidades.
El espera que sean tan interesantes y complejos como las personas en la vida real.
domingo, 23 de marzo de 2008
Crítica rev. Noticias: Teatro | Sobre el amor y los trofeos “Gorda” (“Fat Pig”).
Teatro | Sobre el amor y los trofeos “Gorda” (“Fat Pig”).
Por Cecilia Absatz, Revista Noticias
http://www.revista-noticias.com.ar/comun/notaseccion.php?ed=1623&art=340
Autor: Neil LaBute. Versión: F. Masllorens y F. González del Pino. Director: Daniel Veronese. Con Gabriel Goity, Jorge Suárez, María Socas y Mireia Gubianas. Paseo La Plaza.
Cuando la gente se pone de pie todas las noches para aplaudir esta pieza, lo primero que agradece, antes que la historia, las actuaciones o la dirección, es el género. El público argentino no tiene muchas oportunidades de ver una comedia, en el sentido estricto de la palabra, porque el humor, ya sea en la escena como en la pantalla, tiene entre nosotros una cierta tendencia al grotesco, el vodevil o cualquier forma escénica que subraye los chistes con un golpe de batería, verdadero o gestual. “Gorda” es una comedia estadounidense, el país que domina a la perfección el diálogo chispeante y el arte de la réplica. Y la puesta argentina, que ha encontrado el tono justo, por una vez agasaja la inteligencia del público y le ahorra toda estridencia.
Lo que consigue esta pieza es una proeza inaudita: logra que una audiencia entera se enamore en un minuto de una gorda. No hablamos acá de una simpática regordeta, sino de una mujer francamente entrada en carnes: joven, bonita y gorda. Ella está comiendo –qué más– en un local de comidas rápidas y entra un hombre con su bandeja en busca de un lugar.
Ella es Mireia Gubianas, una actriz y cantante lírica española –también licenciada en Lengua y Literatura, graduada en Interpretación y en el Conservatorio Superior de Música de Barcelona– y ya protagonizó con todo éxito esta pieza en España. Él es Gabriel Goity, impecable como Tommy, ese muchacho porteño que se cree muy malo, pero no logra evitar un aire de irresistible desprotección. Ella, Helena, es una bibliotecaria que no vacila en enfundar su magnánimo trasero en un jean ajustado, como quien no tiene nada que ocultar. Y si en un minuto consigue deslumbrar a Tommy, a pesar del canon estético que este profesó toda su vida, es porque Helena tiene algo más importante que el tamaño de su cuerpo: posee una voz. Dice cosas provocativas e inesperadas. Y cuenta con una risa que es la fuente de la vida. Tommy cae rendido de amor, no le queda opción.
Esta obra –que comienza ligera y se vuelve implacable– es un estudio sobre la frivolidad y el verdadero lugar que ocupa en la cultura contemporánea. Explora el mandato de ganar y obtener trofeos en todos los planos, especialmente en el conyugal. Muestra el miedo a lo diferente y también la envidia de los otros, porque el amor es siempre un milagro, dondequiera que se dé.
“Los otros” son Juana y Nacho: muy destacable la actuación de María Socas y brillante, como siempre, Jorge Suárez. La escenografía de “La gorda” compone un juego original de momentos circulares, muy bien diseñados y tal vez alegóricos. Las luces también son sutiles: con sólo un matiz pueden convertir una oficina blanca y radiante en una ominosa caja de hielo.
El autor de “Gorda” –“Fat Pig” en el título original– es Neil LaBute, autor y director de una frondosa cantidad de películas y obras de teatro. Su primera pieza –“En compañía de los hombres”, que luego la convirtió en guión y dirigió en el cine– fue muy celebrada y ganó unos cuantos premios en diversos festivales. Es un hombre de 46 años que libra su propia batalla con la balanza: por momentos gana él, pero a veces también gana ella.
La puesta de Veronese es perfecta: económica y visceral. La traducción resulta ser excelente. Y si el espectáculo recibe diariamente una ovación de pie es porque el público se ha reído a carcajadas, porque ama a Mireia Gubianas y porque el texto le ha dado para pensar.
Por Cecilia Absatz, Revista Noticias
http://www.revista-noticias.com.ar/comun/notaseccion.php?ed=1623&art=340
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| Jorge Suarez, María Socas, Mireia Gubianas, Gabriel Goity Gorda, de Neil LaBute, dir. Daniel Veronese Sala Pablo Picasso, Paseo La Plaza |
Cuando la gente se pone de pie todas las noches para aplaudir esta pieza, lo primero que agradece, antes que la historia, las actuaciones o la dirección, es el género. El público argentino no tiene muchas oportunidades de ver una comedia, en el sentido estricto de la palabra, porque el humor, ya sea en la escena como en la pantalla, tiene entre nosotros una cierta tendencia al grotesco, el vodevil o cualquier forma escénica que subraye los chistes con un golpe de batería, verdadero o gestual. “Gorda” es una comedia estadounidense, el país que domina a la perfección el diálogo chispeante y el arte de la réplica. Y la puesta argentina, que ha encontrado el tono justo, por una vez agasaja la inteligencia del público y le ahorra toda estridencia.
Lo que consigue esta pieza es una proeza inaudita: logra que una audiencia entera se enamore en un minuto de una gorda. No hablamos acá de una simpática regordeta, sino de una mujer francamente entrada en carnes: joven, bonita y gorda. Ella está comiendo –qué más– en un local de comidas rápidas y entra un hombre con su bandeja en busca de un lugar.
Ella es Mireia Gubianas, una actriz y cantante lírica española –también licenciada en Lengua y Literatura, graduada en Interpretación y en el Conservatorio Superior de Música de Barcelona– y ya protagonizó con todo éxito esta pieza en España. Él es Gabriel Goity, impecable como Tommy, ese muchacho porteño que se cree muy malo, pero no logra evitar un aire de irresistible desprotección. Ella, Helena, es una bibliotecaria que no vacila en enfundar su magnánimo trasero en un jean ajustado, como quien no tiene nada que ocultar. Y si en un minuto consigue deslumbrar a Tommy, a pesar del canon estético que este profesó toda su vida, es porque Helena tiene algo más importante que el tamaño de su cuerpo: posee una voz. Dice cosas provocativas e inesperadas. Y cuenta con una risa que es la fuente de la vida. Tommy cae rendido de amor, no le queda opción.
Esta obra –que comienza ligera y se vuelve implacable– es un estudio sobre la frivolidad y el verdadero lugar que ocupa en la cultura contemporánea. Explora el mandato de ganar y obtener trofeos en todos los planos, especialmente en el conyugal. Muestra el miedo a lo diferente y también la envidia de los otros, porque el amor es siempre un milagro, dondequiera que se dé.
“Los otros” son Juana y Nacho: muy destacable la actuación de María Socas y brillante, como siempre, Jorge Suárez. La escenografía de “La gorda” compone un juego original de momentos circulares, muy bien diseñados y tal vez alegóricos. Las luces también son sutiles: con sólo un matiz pueden convertir una oficina blanca y radiante en una ominosa caja de hielo.
El autor de “Gorda” –“Fat Pig” en el título original– es Neil LaBute, autor y director de una frondosa cantidad de películas y obras de teatro. Su primera pieza –“En compañía de los hombres”, que luego la convirtió en guión y dirigió en el cine– fue muy celebrada y ganó unos cuantos premios en diversos festivales. Es un hombre de 46 años que libra su propia batalla con la balanza: por momentos gana él, pero a veces también gana ella.
La puesta de Veronese es perfecta: económica y visceral. La traducción resulta ser excelente. Y si el espectáculo recibe diariamente una ovación de pie es porque el público se ha reído a carcajadas, porque ama a Mireia Gubianas y porque el texto le ha dado para pensar.
jueves, 22 de noviembre de 2007
Fiesta Chandon 2007, Hotel Alvear,
miércoles, 31 de octubre de 2007
lunes, 23 de julio de 2007
Presentación del libro de Elsita Aztiria
sábado, 24 de marzo de 2007
Nota diario Página 12: «Buenos Aires furia», historia policial para escuchar
RADIO › “BUENOS AIRES FURIA”, HISTORIA POLICIAL PARA ESCUCHAR,
sábado, 24 de marzo de 2007
sábado, 24 de marzo de 2007
Detective suelto en la AM,
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/12-5788-2007-03-24.html
El radioteatro de Ximena Espina y Tamara Horowicz propone, los sábados a las 22, llevar a la programación de La Porteña (AM 1110) el espíritu del policial negro.
Por Oscar Ranzani
El radioteatro fue históricamente el género que garantizaba una puerta de ingreso al mundo actoral de las tablas y el cine. Sin embargo, La Porteña (AM 1110) parece dar vuelta esa opinión en la actualidad. Es que, sumado a los programas de actrices como Leticia Brédice, María Socas y Virginia Innocenti, desde hace tres semanas ofrece una nueva propuesta en su programación que involucra a numerosos artistas que transitaron por el universo audiovisual (tanto cine como televisión) y teatral. Buenos Aires Furia. Crónicas de un tal Ferrante es un policial pensado por Ximena Espina y Tamara Horowicz –ambas egresadas de la carrera de Realización Cinematográfica– para la radio de la ciudad (sábados de 22 a 23). Al final del ciclo (dieciocho capítulos en total) habrán pasado las voces frente al micrófono de actores de trayectoria como Patricio Contreras, jóvenes exponentes como Nahuel Pérez Biscayart (El aura, Glue, Tatuado) y actrices como Tina Serrano, Jessica Schultz y María Socas, entre otros.
Buenos Aires Furia. Crónicas de un tal Ferrante tiene una pequeña historia base (con un elenco estable), pero está estructurada en formato de unitarios (con elenco rotativo). El personaje principal es Mario Ferrante (Gustavo Kamenetzky), un detective privado que hace muchos años perteneció a la fuerza, pero que se dio de baja en la época de López Rega y que actualmente investiga casos criminales. “Creemos que es un romántico”, explica Espina sobre Ferrante, quien tiene una relación amorosa con la prostituta Mercedes (Armenia Martínez). “No es un duro. Si tiene que correr, corre. No le gusta mucho la violencia. Si la tiene que usar la usa, pero usualmente le escapa. No tiene nervios de acero ni nada por el estilo. Tampoco le gustan las armas”, describe Espina. “También es muy sensible a todos los que lo rodean, porque percibe mucho a las personas. A raíz de esa visión X que tiene se da cuenta de muchas cosas y confía mucho en su percepción”, agrega Horowicz. Otros personajes estables son el comisario Hilario Marini (José Luis Filacchione), amigo de Ferrante que supo ser colega en otra época y con el que habitualmente intercambia información. Completan el staff fijo El Gallego (Daniel Galarza), dueño del bar que frecuenta Ferrante, y Pepe Fagalde (Víctor Ducrot), periodista del diario Crónica.
Una de las particularidades de este policial es que está narrado en primera persona. “Reemplaza un poco la figura del relator que es tan clásica en los radioteatros, que va como uniendo escenas”, afirma Espina, ya que es el propio detective el que produce la enunciación. “El relato es en pasado y las acciones, en presente”, destaca Espina y su coequiper agrega que “la voz en off es también como la puerta al interior de él. Es la entrada a su pensamiento, a sus sensaciones, a cómo percibe las cosas. Ahí razona, hila, observa, saca conclusiones”.
Este sábado la actriz invitada será Jessica Schultz. “Mi personaje se llama Inés. Ella contrata a un investigador privado para que lo siga a su marido porque es obsesiva, celosa y además contrata a una tarotista para que le vaya develando el futuro. De pronto, se ve envuelta en la muerte de dos personas que intervienen en este caso. Sin comerla ni beberla, ella de pronto se ve involucrada en estos crímenes.” Los próximos capítulos contarán con la voz de Nahuel Pérez Biscayart y María Socas. Los tres artistas brindan en esta nota sus posiciones sobre el rol del policial en un mundo donde el espectador no los ve.
–¿Qué ventajas y desventajas notaron a la hora de realizar una interpretación actoral en radio?
María Socas: –Yo nunca había hecho ficción en radio. Tenía la fantasía de qué iba a pasar con mi cuerpo, si iba a quedar quieto o qué. O cómo iba a ser la relación con los otros actores. Imaginaba algo mucho más frío. Al toque que llegué me di cuenta de que es exactamente igual que cuando se ve. Enseguida, con la actriz que teníamos casi todas las escenas estábamos las dos juntas, conversando, creando una relación, haciendo chistes, jugando o buscando amigos en común, haciendo llamados telefónicos con gente que conocíamos, cualquier cosa. Es decir, con esa urgencia de crear una relación con alguien en veinte minutos que es el previo para empezar a grabar.
Jessica Schultz: –Es bastante similar a la primera lectura cuando uno se reúne con un elenco y dice: Vamos a leer la obra, cuando ya cada uno la leyó por su lado. Y te va la vida en la voz. Querés poner en la voz el alma del personaje, sus emociones, si duda. O sea, concentrar todo lo que uno crea de un personaje en la voz. Después, cuando llevás adelante la obra, seguramente no tiene nada que ver con esa primera lectura. Tiene como esa similitud. Si uno se relaja y se mete en el personaje, es igual.
Nahuel Pérez Biscayart: –La ventaja es que no te tenés que maquillar (risas). Fue un poco corto. Yo fui una tarde, pero me divierte mucho y me gustaría repetir eso de que está todo puesto en la voz. Me parecía muy divertido eso. Y como el otro no está viendo, podés estar haciendo cualquier cosa que te sirva para que la voz salga de una determinada manera que, por ahí actuando frente a cámara, tenés que tener un comportamiento más realista. O en un teatro, por ahí estás más atado a un dispositivo en un escenario y estético. Es muy mágico cuando el sonido te tiene que armar un poco las imágenes. Me gusta mucho.
M. S.: –Cuando estoy viendo cine de suspenso y tengo mucho miedo lo resuelvo bajando el sonido. Porque lo que más miedo me da son todos los sonidos: esas puertas que se abren, los pasos, el acorde. Todo eso me aterroriza. Y bajo el sonido porque si no lo tengo que apagar. Entonces, en radio todos esos sonidos te pueden ayudar mucho a que se te transmita toda esa sensación de suspenso y de miedo.
–¿Por qué el género policial es una excepción en radio?
N. P. B.: –Pero el policial va con un detective, la voz en off entra bien. No creo que esté tirado de los pelos el policial en versión radioteatro. Es un tipo que va con una línea, es un personaje que investiga. Estás legalizado para poner mucha voz en off.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/12-5788-2007-03-24.html
El radioteatro de Ximena Espina y Tamara Horowicz propone, los sábados a las 22, llevar a la programación de La Porteña (AM 1110) el espíritu del policial negro.
| Nahuel Pérez Biscayart, Jessica Schultz y María Socas Foto: Leandro Teysseire |
Por Oscar Ranzani
El radioteatro fue históricamente el género que garantizaba una puerta de ingreso al mundo actoral de las tablas y el cine. Sin embargo, La Porteña (AM 1110) parece dar vuelta esa opinión en la actualidad. Es que, sumado a los programas de actrices como Leticia Brédice, María Socas y Virginia Innocenti, desde hace tres semanas ofrece una nueva propuesta en su programación que involucra a numerosos artistas que transitaron por el universo audiovisual (tanto cine como televisión) y teatral. Buenos Aires Furia. Crónicas de un tal Ferrante es un policial pensado por Ximena Espina y Tamara Horowicz –ambas egresadas de la carrera de Realización Cinematográfica– para la radio de la ciudad (sábados de 22 a 23). Al final del ciclo (dieciocho capítulos en total) habrán pasado las voces frente al micrófono de actores de trayectoria como Patricio Contreras, jóvenes exponentes como Nahuel Pérez Biscayart (El aura, Glue, Tatuado) y actrices como Tina Serrano, Jessica Schultz y María Socas, entre otros.
Buenos Aires Furia. Crónicas de un tal Ferrante tiene una pequeña historia base (con un elenco estable), pero está estructurada en formato de unitarios (con elenco rotativo). El personaje principal es Mario Ferrante (Gustavo Kamenetzky), un detective privado que hace muchos años perteneció a la fuerza, pero que se dio de baja en la época de López Rega y que actualmente investiga casos criminales. “Creemos que es un romántico”, explica Espina sobre Ferrante, quien tiene una relación amorosa con la prostituta Mercedes (Armenia Martínez). “No es un duro. Si tiene que correr, corre. No le gusta mucho la violencia. Si la tiene que usar la usa, pero usualmente le escapa. No tiene nervios de acero ni nada por el estilo. Tampoco le gustan las armas”, describe Espina. “También es muy sensible a todos los que lo rodean, porque percibe mucho a las personas. A raíz de esa visión X que tiene se da cuenta de muchas cosas y confía mucho en su percepción”, agrega Horowicz. Otros personajes estables son el comisario Hilario Marini (José Luis Filacchione), amigo de Ferrante que supo ser colega en otra época y con el que habitualmente intercambia información. Completan el staff fijo El Gallego (Daniel Galarza), dueño del bar que frecuenta Ferrante, y Pepe Fagalde (Víctor Ducrot), periodista del diario Crónica.
Una de las particularidades de este policial es que está narrado en primera persona. “Reemplaza un poco la figura del relator que es tan clásica en los radioteatros, que va como uniendo escenas”, afirma Espina, ya que es el propio detective el que produce la enunciación. “El relato es en pasado y las acciones, en presente”, destaca Espina y su coequiper agrega que “la voz en off es también como la puerta al interior de él. Es la entrada a su pensamiento, a sus sensaciones, a cómo percibe las cosas. Ahí razona, hila, observa, saca conclusiones”.
Este sábado la actriz invitada será Jessica Schultz. “Mi personaje se llama Inés. Ella contrata a un investigador privado para que lo siga a su marido porque es obsesiva, celosa y además contrata a una tarotista para que le vaya develando el futuro. De pronto, se ve envuelta en la muerte de dos personas que intervienen en este caso. Sin comerla ni beberla, ella de pronto se ve involucrada en estos crímenes.” Los próximos capítulos contarán con la voz de Nahuel Pérez Biscayart y María Socas. Los tres artistas brindan en esta nota sus posiciones sobre el rol del policial en un mundo donde el espectador no los ve.
–¿Qué ventajas y desventajas notaron a la hora de realizar una interpretación actoral en radio?
María Socas: –Yo nunca había hecho ficción en radio. Tenía la fantasía de qué iba a pasar con mi cuerpo, si iba a quedar quieto o qué. O cómo iba a ser la relación con los otros actores. Imaginaba algo mucho más frío. Al toque que llegué me di cuenta de que es exactamente igual que cuando se ve. Enseguida, con la actriz que teníamos casi todas las escenas estábamos las dos juntas, conversando, creando una relación, haciendo chistes, jugando o buscando amigos en común, haciendo llamados telefónicos con gente que conocíamos, cualquier cosa. Es decir, con esa urgencia de crear una relación con alguien en veinte minutos que es el previo para empezar a grabar.
Jessica Schultz: –Es bastante similar a la primera lectura cuando uno se reúne con un elenco y dice: Vamos a leer la obra, cuando ya cada uno la leyó por su lado. Y te va la vida en la voz. Querés poner en la voz el alma del personaje, sus emociones, si duda. O sea, concentrar todo lo que uno crea de un personaje en la voz. Después, cuando llevás adelante la obra, seguramente no tiene nada que ver con esa primera lectura. Tiene como esa similitud. Si uno se relaja y se mete en el personaje, es igual.
Nahuel Pérez Biscayart: –La ventaja es que no te tenés que maquillar (risas). Fue un poco corto. Yo fui una tarde, pero me divierte mucho y me gustaría repetir eso de que está todo puesto en la voz. Me parecía muy divertido eso. Y como el otro no está viendo, podés estar haciendo cualquier cosa que te sirva para que la voz salga de una determinada manera que, por ahí actuando frente a cámara, tenés que tener un comportamiento más realista. O en un teatro, por ahí estás más atado a un dispositivo en un escenario y estético. Es muy mágico cuando el sonido te tiene que armar un poco las imágenes. Me gusta mucho.
M. S.: –Cuando estoy viendo cine de suspenso y tengo mucho miedo lo resuelvo bajando el sonido. Porque lo que más miedo me da son todos los sonidos: esas puertas que se abren, los pasos, el acorde. Todo eso me aterroriza. Y bajo el sonido porque si no lo tengo que apagar. Entonces, en radio todos esos sonidos te pueden ayudar mucho a que se te transmita toda esa sensación de suspenso y de miedo.
–¿Por qué el género policial es una excepción en radio?
N. P. B.: –Pero el policial va con un detective, la voz en off entra bien. No creo que esté tirado de los pelos el policial en versión radioteatro. Es un tipo que va con una línea, es un personaje que investiga. Estás legalizado para poner mucha voz en off.
miércoles, 14 de marzo de 2007
Cumpleaños China Zorrilla 2007, teatro Coliseo
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| Cumpleaños China Zorrilla 2007, teatro Coliseo María Socas, Jean Pierre Noher, China Zorrilla, Jorge D'Elia, Carola Reyna y Boy Olmi |
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| Cumpleaños China Zorrilla 2007, teatro Coliseo María Socas, Jean Pierre Noher, China Zorrilla, Jorge D'Elia, Carola Reyna y Boy Olmi |
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| Cumpleaños China Zorrilla 2007, teatro Coliseo María Socas, Jean Pierre Noher, China Zorrilla, Jorge D'Elia, Carola Reyna y Boy Olmi |
miércoles, 7 de marzo de 2007
domingo, 18 de febrero de 2007
Nota diario Perfil: «La artista de una familia bien»
Por L. G., diario Perfil, sección Espectáculos, Buenos Aires, Argentina, domingo 18 de febrero de 2007
Hija de un agrónomo que odia la ciudad y de una diseñadora de modas que vestía a Mirtha Legrand, por ambas ramas –Socas Alvear y Ortiz Lanús– la genealogía de la actriz remite a la alta sociedad. La rebelde de perfil bajo es un ama de casa de las de antes y debutó en la radio.
Por L.G.
18.02.2007
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| Actríz nata. Socas acepta las indicaciones de Rody Mascali, director de Radio Ciudad, y arma un personaje de conductora. Foto: Enrique Manuel Abbate |
Con la delicadeza de un camafeo, las maneras de María Socas evocan un minué melancólico. Pero lejos de cualquier trama rosa cubierta de almíbar, sería la heroína soñada de una historia de terror gótico. Tal vez lo intuya: aunque nunca se lo ofrecieron, le encantaría interpretar a María Estuardo. Es posible que esos aires le vengan de otras vidas, las de sus padres, habitantes apasionados de mundos tan diferentes.
“Mi papá, Carlos Socas (Alvear), es la discreción en persona, mientras que mamá, que murió hace unos años, era temeraria. Ingeniero agrónomo, él vive en Colón, Entre Ríos, si bien nació en Martínez (norte del Gran Buenos Aires). Adora el campo y la ciudad le da claustrofobia, no la soporta y difícilmente salga de ahí. Vive de una manera anterior al siglo XIX, cuando la gente no iba de vacaciones. Es impensable esperar que venga a verme al teatro, salvo una vez que se apareció a un estreno en el San Martín, de sorpresa. No lo podía creer. Vio la obra, tomamos una coca y se fue. En cambio, mi mamá, María Antonia Ortiz Lanús, era del diseño, del color, la estética, la belleza. Tenía una casa de ropa, El Carretel, en su momento muy conocida y donde se vestían nuestras superestrellas como la Chiqui Legrand”, cuenta la actriz y, desde el sábado 3, también conductora de radio en La música de los músicos, el ciclo que comenzó el sábado 3, de 20 a 22, en AM 1110 La Porteña, la emisora de la Ciudad.
Por su boutique, María Antonia debía viajar por lo menos dos veces al año a la capital de la moda, París, donde aprovechaba para visitar a su primo hermano Archibaldo Lanús, el ex embajador argentino en Francia. “Mamá era muy amiga de Archi y pasaban mucho tiempo juntos. Iba con mis primas, porque yo nunca la acompañé. ¿Para qué? En lugar de ver vidrieras, me habría escapado a un museo”, dice Socas. Al principio tuvo que ocultar su vocación por la actuación frente a la familia, que prefería verla arquitecta: “No bien terminé el colegio, empecé a trabajar en el negocio, pero duré sólo unos tres o cuatro meses. Creo que me detestaban porque ya había comenzado a estudiar teatro en el Conservatorio. Estaba en el área de ventas pero mi mente no era para eso, venían las clientas y yo me imaginaba personajes.Y si no, me ponía a hacer los ejercicios de vocalización mientras mi mamá preguntaba: ‘¡¿Pero qué hace?!’”.
sigue
Hoy, más de 20 años después, a su programa de radio “viene un artista invitado que trae los discos que lo acompañaron en su vida, los que escucha en su casa o en el auto. Es una conversación, en medio de todas las cajas de los discos. Por ahora, han pasado Litto Nebbia, Iván Noble y Virginia Innocenti”, cuenta la recién iniciada en el mundo del éter. No es la única actriz convocada por el director de la radio, Rodolfo Mascali. También están trabajando con programas propios Leticia Bredice, María Carámbula y la Innocenti. “No tengo idea de por qué nos llamó. Como soy actriz, tomo sus indicaciones como si fuera un director de teatro y armo un personaje”, confiesa Socas, quien firmó un contrato de tres meses, renovable.
En cine, espera el estreno, aún sin fecha, de El mismo loco afán, de Enrique Muzio, con Ulises Dumont y Claudio Gallardou. En teatro, el actor Jean Pierre Noher la llamó para participar en Un aire de familia (de Agnès Jaoui y Jean-Pierre Bacri), su primera obra como director, para la que también está confirmada Adriana Aizemberg.
El año pasado, participó en Mujeres asesinas, Hermanos y detectives y Amas de casa desesperadas: “Tengo dos hijos (Sasha, de 11, y Wanda, de 10, con el psicoanalista Rubén Brenner) y soy muy ama de casa, como las de antes, no tengo ayuda doméstica de ninguna especie y hago todo yo, así que el ritmo de unitarios y de cine me viene bien para organizarme. No digo que no me gustaría hacer algo diario porque el trabajo bienvenido sea. Soy muy adaptable y confío en cómo se van dando las cosas”.
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